norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

La batalla por recuperar la confianza que ha emprendido el gobierno federal será mucho más complicada de lo esperado. El anuncio del Banco de México, que lleva la esperanza de crecimiento de este y el próximo año al promedio de la mediocridad mantenido las últimas décadas, y el de PEMEX con el recorte de personal en la mano, son golpes difíciles de asimilar en el intento de reposicionamiento que busca la administración de Enrique Peña Nieto.

Y eso no es todo, los dichos del Banco de México establecen que hay riesgos claros en el terreno de la economía que podrían terminar en un nuevo recorte en el presupuesto. Y ello no puede significar otra cosa, que un recorte de plazas de trabajo, sólo que de llegarse a ese punto, sería mucho más serio que lo que se espera en PEMEX.

De acuerdo a lo que el Banco de México ha señalado, el crecimiento del país para este año, no sólo no llegará al prometido 4%, sino que podría caer a un pobre 2.5%, lo que nos dejaría en la tasa del promedio logrado en los últimos años.

Pero la parte verdaderamente preocupante es que, sin mucho ruido, el Banco de México arrastra en la caída de sus vaticinios, al 2016. Para el año próximo el BM espera un crecimiento apenas arriba del 3%, pero no descarta la posibilidad, o riesgo si se prefiere, de que el PIB se quede en un 2.9%. Esto es, la institución nos anuncia sin decirlo, que todas las promesas que e hicieron como soporte de las reformas estructurales, no se lograrán.

De acuerdo a las promesas oficiales, bajará la gasolina, bajarían las tarifas de luz y habría más y mejor empleo. La reforma fiscal le daría al país medio punto extra en el PIB. La laboral nos permitiría alcanzar un cuarto más de punto, en tanto que la energética nos llevaría a contar con un punto extra en el crecimiento, amen de muchas otras bendiciones que llegarían justo en el momento en el que todo se aprobara.

La realidad hoy nos dice todo lo contrario.

PEMEX recibió su primer recorte, por unos 2,500 millones de dólares, en diciembre del año pasado y todo se manejó como parte de la estrategia de protección a las finanzas nacionales. Hace unos días, se anunció el recorte ya formal, de unos 4,200 millones de dólares, algo por arriba del 11% del presupuesto de la empresa, con lo que se oficializó la crisis.

Ahora se anuncia un posible recorte. Pero el problema es doble. La forma en que se aplicó el recorte mostró sin duda alguna, que la empresa no ha dejado de ser una dependencia de Hacienda. Y que no tiene control sobre su desempeño. Además, el anuncio de que se renegociarán contratos, sólo ha provocado nerviosismo en los inversionistas. La crisis parece algo más que una posibilidad.

El problema aumenta si se recuerda que hasta hace unas semanas, el gobierno negó en todos los tonos, que se fueran a realizar ajustes en el presupuesto. Y ya se hicieron. Del mismo modo, se negó la posibilidad de que se pensara en recortes de personal. Y PEMEX ya tiene la forma en que se realizarán y el momento en que se llevarán a la práctica.

Del mismo modo y por si algo faltara, los expertos han anunciado que es muy posible que la devaluación del peso ante el dólar aumente en las próximas semanas, sin que se tenga una idea clara de cuando podrían mejorar las cosas.

El gobierno señala a la caída de los precios del petróleo como la justificación de todo el problema. Pero la verdad es que las cosas podrían tener muchos otros ingrediente. Y entre ellos, la pérdida de la credibilidad del gobierno figura en un sitio estelar.

Luis Videgaray le dijo hace unos días a Financial Times que la prioridad estaba en la recuperación de la confianza. Y que de nada servían las reformas si no se lograba esa meta.

Con los conflictos de interés en las manos, con la protección a los compradores de bienes inmuebles en Estados Unidos, como los Murat, con el silencio en el caso FICREA y con la idea de que el tiempo hará que el caso de los bancos suizos se olvide, y ahora con el recorte de plazas y el pobre crecimiento que se espera para este y el año próximo, ¿cómo se quiere recuperar la confianza?

Para la mala suerte del gobierno, la confianza no es algo que se puede comprar a través de la televisión. Por más que se haga el intento.