norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Alejandro González IIñárritu, como gran vencedor de la gala por los premios “Oscar”, lanzó un dardo más que, sin lugar a dudas, dio en el blanco y elevó el grado de presión que existe sobre el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Al hacer votos por que en México llegue el momento en que alcancemos el “gobierno que nos merecemos”, el galardonado director arrinconó a un gobierno que, de una u otra manera, no acierta a retomar el control de la agenda nacional y a recuperar la iniciativa política.

El problema es mucho más claro y por supuesto más preocupante, si se entiende que todo mundo sabía que habría un mensaje en contra de la administración peñista si el cineasta mexicano alcanzaba uno de los premios en disputa.

González Iñárritu se llevó tres premios. Y como el triunfador absoluto de la noche, dejó caer el peso de su anhelo. Y para muchos fue una crítica abierta y despiadada para el gobierno.

Pero la primer pregunta ante esta situación es ¿cómo, si se sabía el riesgo que se corría, no se preparó nada para enfrentar la crítica?

Dicho de otra manera, el gobierno tenía indicios sobre lo que podría suceder y aún así, ¿no preparó una respuesta adecuada?

Es claro que los mensajes del presidente Peña Nieto registrados en lunes pasado, en torno a como se trabaja para el futuro, quisieron ser esa respuesta. Pero también queda claro que las palabras presidenciales, perdidas en el mar de la información, simplemente carecieron de fuerza, cuando no hasta de presencia.

Si el gobierno está dispuesto sólo a responder, pero no a prevenir, el problema de debilidad es mayor y mucho más serio de lo que se supone.

El gobierno recibe una crítica feroz de parte del Papa. Y responder con una nota diplomática. Pero

no entiende que los mexicanos se han quedado con la visión del pontífice. El ganador de los premios Oscar externa su deseo por que pronto el país encuentre el gobierno que merece. Y el gobierno responde, pero no entiende que el mensaje para los mexicanos es que los que “nos merecemos” no lo tenemos.

De esta manera, la crítica parece tener mejor ruta que el gobierno. Es más, parece ser que el gobierno o no se ocupa del problema, o no sabe cómo responder al problema. O ambas.

Ello tendría que traducirse en una situación de debilidad de parte del gobierno. Debilidad a la hora de comunicar y de planificar su comunicación. Se conforman, cuando sucede, con aparecer en las fotografías, muchas de las cuales por cierto, el ciudadano ni ve, ni muestra interés por ellas.

González Iñárritu habla del “gobierno que nos merecemos” de una manera tal que es obvio que ello no existe en estos momentos. Y el gobierno, como respuesta, le da la razón al hablar de que se siembra para el futuro.

Pero el gobierno olvida que, como se dijera ya en los viejos y famosos debates económicos, en el futuro “todos estamos muertos”. Las palabras de Keynes tendrían que ser entendidas por un gobierno que, por lo demás, se comprometió a dar resultados en el “corto plazo”.

González Iñárritu puede y seguramente así es, tener sus convicciones políticas. Y tiene el derecho a expresarlas en el foro en el que mejor le acomode.

El problema para México es que el gobierno, con todo el peso de la responsabilidad y con un mandato claro, no entienda que la crítica es válida, en tanto que las respuestas son obligadas.

Y que responder, o querer hacerlo, mediante juegos de palabras todo lo que hace es, guste o no, dar fuerza a la crítica. Y claro está, le extiende un certificado de certeza.