Por Norberto DE AQUINO
Para encontrarse en el mejor clima en muchos años, el país vive una espiral de violencia que está lejos de representar la realidad de la que habla el gobierno. Guerrero es un polvorín. Oaxaca es el caos total. Veracruz se encuentra sumido en la inseguridad. Michoacán fue un fracaso oficial. Tamaulipas es víctima de la incapacidad. El DF se sume en la corrupción y el temor. Y en general, la República no encuentra una salida al problema que se prometió resolver en un año.
Las cosas sin embargo, parecen ser peores de lo que muchos pensaron. Ahora, de manera oficial, el gobierno de Enrique Peña Nieto parece aceptar que hay niveles, optimismo puro, en los que requieren de ayuda. Y de ayuda del exterior.
El presidente envió al Senado de la República una iniciativa para modificar la ley de armas de fuego. En ese proyecto lo que se busca, en síntesis, es aceptar que elementos de seguridad del extranjero puedan ingresar al país armados. Así, sin más.
Se habla de mejorar el trabajo de seguridad en las visitas de estado al país. Incluso se habla de la mejoría en las relaciones comerciales, por más que no se explica el cómo un agente extranjero armado en el país puede ayudar en el campo del comercio.
Pero en el fondo, de lo que se habla es de la debilidad del gobierno. Y no resulta muy complicado ver el fondo de las cosas.
De entrada, y ello es obvio, resulta obvio que al aceptar esa situación, lo que en realidad se hace es ceder soberanía. Es incuestionable que un agente extranjero, del país que sea, por más que tenga a su alrededor “colaboradores” mexicanos, tendría la autorización para utilizar su armas. Y ese es apenas, el arranque del problema.
Se alega que todo estaría controlado y que la autorización sería sólo para ciertos temas. Sería absurdo que ello no fuera así.
No obstante el problema no es una autorización “limitada” o “controlada”. El problema es que el
gobierno mexicano reconoce, ante la ola de críticas llagadas desde el exterior, que hay temas y niveles en los que la ayuda sería bien recibida. O para decirlo un poco más cruel, que hay temas en los que no puede hacer las cosas que se deben como se deben, y que por ello requiere de colaboración, por supuesto, de quienes si pueden.
Todos sabemos que en el combate al narcotráfico, por ejemplo, la inteligencia de las autoridades estadounidenses ha resultado de gran ayuda para las autoridades mexicanas. Y todos sabemos que hay agentes estadounidenses armados en nuestro país.
Pero ahora, lo que se pretende es legalizar esa situación. Los agentes, especialmente estadounidenses, armados en el país, En todos los estados y con permiso para “defenderse” no parece ser una demostración ni de fuerza, ni de capacidad por parte del gobierno mexicano.
Al momento de luchar por el poder, el grupo hoy en el gobierno, habló siempre de las metas que en materia de seguridad, por ejemplo, se habrían de lograr. Y con la afirmación de que serían un “gobierno de resultados”, prometieron grandes cosas y logros inmediatos.
Ahora, sin mayor explicación, se pide modificar la ley para aceptar agentes extranjeros armados en territorio nacional.
¿Pero no se tendría que explicar qué es lo que obliga a ello? ¿Tan grave está la situación que resulta indispensable la ayuda externa? ¿México no puede brindar seguridad a sus visitantes? ¿No puede con el paquete del combate a la delincuencia organizada? ¿En qué áreas se darán los permisos? ¿Quiénes los controlarán? ¿Los mismos que ahora aparecen como incompetentes?
La idea puede ser presentada bajo los argumentos que se quiera. La realidad es que se entregará un pedazo más de soberanía y que para ello se presenta a buena parte de la estructura oficial, como incapaz y se acepta, a querer o no, que se requiere ayuda para evitar, como posibilidad, la idea de la corrupción.
Y si ello es así, tal vez la ayuda no debería quedarse en los niveles más simples.

