Por Norberto DE AQUINO
En la lista de candidatos plurinominales del PRI se pueden encontrar algunas señales de lo que habrá de suceder en los meses por venir. Y algunas de esos indicadores podrían resultar realmente interesantes.
En primer lugar, el cambio en la dirección de comunicación social en la Presidencia de la República no puede ser considerado como algo carente de importancia.
David López es, incuestionablemente, amigo del presidente de la República. Pero del mismo modo, es también muy claro que en materia de comunicación, el gobierno federal no contó nunca, con una estrategia realmente efectiva. En el caso de que haya existido alguna vez, una estrategia.
Enrique Peña Nieto llegó al poder con una fuerte imagen, pero mediática. Carecía de contenido y nadie fue capaz de entender el reto que ello representaba. Pasado el período electoral, el presidente no modificó la ruta. Y los fracasos en la FIL y ante los foros juveniles no fueron debidamente procesados.
Se apostó de nueva cuenta, a la imagen. Y el Pacto por México fue el eje de la comunicación oficial. Se modificó la idea de la narrativa sobre la violencia y se vendió la idea del gran avance mexicano. Hasta que la realidad alcanzó al gobierno.
La imagen del presidente en lo particular y del gobierno en lo general, se desplomó. Llegó en la actualidad, a niveles no vistos en mucho tiempo para la primera parte de un gobierno. Y no se tuvo la capacidad para buscar el remedio.
Así, el cambio en comunicación puede servir como primer paso para un cambio de equipo y de estrategia que realmente sea capaz de llevar a que el mensaje oficial sea en primera, algo lógico y en segundo, que encuentre los canales para ser entendido por la sociedad.
Parece lógico comprender que las imágenes televisivas se pierden muy rápido. Y que no son,
digan lo que digan, suficiente soporte para un gobierno. Así, en la presidencia podrían haber dado un primer paso para resolver uno de sus grandes problemas. Pero también pudiera ser que no sea así.
Pudiera ser que las cosas se mantuvieran como hasta ahora. Que la apuesta no sea para mejorar una imagen y resolver un problema de gobierno, sino tan sólo un avance de lo que en unos meses mas, sería la confirmación de que lo que se quiere es simplemente, castigar a Sinaloa.
El otro mensaje que fácilmente puede encontrarse en las plurinominales priístas, es el del obligado cambio en el PRI.
Por el momento, las cosas seguirán igual. César Camacho, uno de los líderes de menor capacidad política que han llegado al Revolucionario Institucional, será diputado. Y probablemente por el mes de agosto, organice todo el cambio de dirigencia. Y es ahí en donde las cosas se convierten en el verdadero mensaje.
Camacho querría ser coordinador de los próximos diputados del PRI. Y puede serlo. Pero ello no significa que las cosas sean atinadas. ¿Qué pasa si el PRI no tiene una mayoría ni siquiera con el apoyo de sus aliados incondicionales como el Verde? ¿Qué pasa si la oposición tiene los votos suficiente como para controlar aprobaciones como la de los presupuestos anuales? ¿En verdad Camacho podría lograr una negociación importante? ¿Tendrían que negociar fuera de San Lázaro?
Pero el eje de la decisión recaerá en el PRI
¿Qué clase de partido quieren en Los Pinos para la segunda mitad del sexenio?. ¿Uno obediente e intrascendente como el que han tenido? ¿Uno que acepte quedar fuera de los acuerdos y que solo aporte la firma como lo hizo Camacho con el Pacto? ¿El presidente entiende que la segunda parte de su gestión obligará a un trabajo de otro tipo?
Esta es la decisión clave. Y de ella dependerán muchas cosas.
Y finalmente, por más que el mensaje es de otro tipo, queda el del caso de Jorge Carlos Ramírez Marín, quien deja la SEDATU para ser diputado. Es claro que este paso es para construir una candidatura al gobierno de Yucatán. Todo dependerá del trabajo político del propio Ramírez Marín
Por el otro lado, lo importante es el nombramiento en SEDATU.
Al enviar a esa posición a Jesús Murillo, exprocurador, todo mundo piensa en un “rescate” en una posición de “media Tabla”. Pero no hay que olvidar que en SEDATU se encuentra uno de los grandes proyectos de Enrique Peña Nieto. Y si la economía lo permite, el trabajo a realizar aquí podría ser de alto impacto. Y el presidente buscó colocar a un amigo y a un político leal. Y Murillo fue el elegido.

