norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

El mensaje presidencial enviado desde Londres ha provocado una larga serie de especulaciones. Pero no por el “clima de desconfianza” que existe en el país. Ni tampoco por el hecho de que, por fin, el presidente Enrique Peña Nieto habló más o menos directamente del problema de las casas adquiridas a constructores ligados al poder. No, la idea de “redefinir hacia dónde vamos” se ha convertido en el eje de todo el análisis político.

El presidente regresará mañana al país. Y de inmediato se podrá determinar qué es lo que entiende por “redefinir” y qué es lo que con esta decisión se quiere alcanzar.

Para nadie es un secreto que la estrategia de comunicación del gobierno, en el caso de que en algún momento hubiera existido algo que pudiera llamarse así, fue un absoluto fracaso. Enrique llegó al poder con alrededor del 40% de la votación registrada y con un muy importante índice de aceptación social.

A dos años de distancia, su popularidad se encuentra en niveles más que pobres y sigue en picada, por más que que se ha detenido un poco.

Ni sus mensajes ni sus acciones encuentran eco en la sociedad. A cambio, los problemas lo encuentran a él como centro y origen. Y el desprestigio de su administración es creciente. Por ello el “clima de desconfianza”.

De esta manera, el presidente Peña Nieto tendrá en las manos la oportunidad para llevar a la práctica la primera parte de su redefinición del rumbo que debe seguir el país.

¿En realidad quiere un cambio en la comunicación, o tan sólo busca un ajuste en el área de comunicación? Dicho de otra forma: quiere una estrategia en el área de comunicación, con mensajes y objetivos claros, o sólo busca un movimiento cosmético ante el desgaste de un equipo que en la práctica nunca funcionó?

Peña Nieto habló como para de los preparativos mediáticos de su llegada a la Gran Bretaña. Tenía que presentar sus “logros” ante la enorme serie de cuestionamientos que se habían registrado en contra de su administración.

Y ya sin David López, ¿cuál es la idea de redefinición en el área de comunicación?

Pero este será apenas, el primer paso.

Una auténtica redefinición del rumbo que debe seguir el país obliga, antes que otra cosa, a entender qué fue lo que pasó con el diseño original. Esto es, ¿qué fue lo que llevó a que las cosas no salieran como fueron presupuestadas?

En el área de seguridad, por ejemplo, el equipo de Enrique Peña Nieto lanzó grandes promesas. Los resultados ofrecidos tenían el primer año como meta para demostrar el cambio. La desconfianza que existe en el país pasa obligadamente, por las promesas incumplidas. Redefinir el rumbo ¿es posible con los mismos que se equivocaron ya?

El presidente Peña Nieto ha hecho, de nueva cuenta, un compromiso con la sociedad. Tal vez no fue esa la intención, pero esa es la realidad. Hablar de redefinir es plantear cambios. Y un cambio en el gobierno no puede ser sólo de discurso.

En el área de comunicación, la primera en la que se verá con claridad lo que es la redefinición desde la óptica del gobierno, el mensaje puede ser no sólo claro, sino contundente. Sea para dejar las cosas como hasta ahora, sea para iniciar un verdadero cambio de forma.

Pero es apenas el primer paso. Hay problemas en seguridad, en economía, en política y especialmente en el terreno de la moral y la ética política. Y para acabar con los problemas derivados de un “clima de desconfianza” es obvio que ahí tendrá que haber una “redefinición del rumbo”.

La pregunta sin embargo es la misma. ¿qué es lo que en Los Pinos se entiende por redefinir el rumbo? ¿Tan sólo un nuevo maquillaje para presentar a los mismos personajes con la idea de que la sociedad creerá que eso es un cambio de fondo?