Por Norberto DE AQUINO
Año con año, en la fecha marcada, los discursos en favor de la mujer van y vienen en todos los tonos y en todos los colores. Y año con año, todo queda igual. Las mujeres son llevadas al altar del discurso, pero mantenidas en el escalón más lejano a la solución de los problemas que enfrenta.
En esta ocasión, sin embargo, es un político el que nos obliga a poner atención sobre la realidad nacional. Y con este paso, queda clara una situación que ni siquiera las mujeres con posibilidades de actuar, quieren realmente resolver.
El alcalde de San Blas, en Nayarit, Hilario Ramírez, festejó su cumpleaños levantando el vestido a una jovencita y con ello, provocando los aplausos de la concurrencia. Mujeres incluidas.
Esto que es, entre otras muchas cosas, un evento que pinta de cuerpo entero a buena parte de nuestra clase política, sirve para enfrentar un hecho cotidiano. La presión a que día con día, se enfrentan las mujeres en México.
Y al mismo tiempo, el oportunismo con el que muchas mujeres, buena parte de ellas con poder, quieren sacar ventaja de la situación.
Primero, habría que mencionar la demanda de posiciones de poder que presentan las mujeres dedicadas a la política. Hablan de la equidad de género y remarcan la poca presencia del sexo femenino en el gobierno.
Y por supuesto tienen razón. Pero olvidan y quieren que todo el mundo haga lo mismo, que el problema del país, en todas las áreas, está lejos de resolverse con medidas sexistas.
Si la respuesta a los problemas nacionales fuera el sexo de los gobernantes, la solución no radicaría en “más posiciones” para las mujeres, sino en entregar el poder total a las damas. Pero todos sabemos que esa no es la solución. Es sólo una bandera para conquistar posiciones sin tener que batallar por ellas.
Esto no significa que las mujeres no enfrenten problemas en todos los sectores y a cualquier edad. Y ese es el punto a resolver.
Lo que el país está obligado a conquistar es la igualdad de oportunidades. No la paridad en las posiciones políticas. Los cargos tienen que entregarse mediante el reconocimiento de la capacidad. No del sexo.
El alcalde nayarita puso a la vista el verdadero problema a vencer. La idea de que las mujeres son, por el hecho de serlo, inferiores al hombre y deben además, aplaudirlo.
Si se trabaja en la igualdad de oportunidades, la situación tendrá que ser diferente. Es algo que tomará tiempo, pero no hay atajos. Y menos si se acepta la idea de que con obligar a los partidos a postular tanta mujeres como hombres en cada elección, se ha dado un paso hacia adelante.
El mismo alcalde de San Blas ha derribado esa idea. No se requiere popularidad, hermosura o simpatía. El país, y en estos momentos es algo que a todos queda claro, lo que necesita y demanda es capacidad en todos los terrenos. Y ser mujer no garantiza nada en ese campo. Como tampoco lo hace el ser hombre.
El país puede llevar al Congreso a un buen número de mujeres. En estos momentos los grupos femeniles en las Cámaras son importantes. ¿Y el trabajo parlamentario ha mejorado de manera sustancial?
No. Y no lo ha hecho por la simple y sencilla razón de que, al igual que sucede con muchos varones, las legisladores llegaron al cargo en base a negociaciones, acuerdos, presiones y concesiones, pero no fundamentalmente por el peso de su capacidad, salvo casos bastante evidentes.
El debate ahora, como sucede cada año, es el mismo de siempre. Las mujeres en contra de la violencia que las persigue desde su nacimiento. La demanda de más posiciones políticas para demostrar que hay avance. Pero nada de ir al fondo del problema. Lo que garantiza que el año próximo, en estas fechas, el debate será el mismo. Con las mismas demandas y con los mismos resultados.
Y en tanto, la capacidad y las soluciones que con ella se alcanzaría, quedarán, como siempre, olvidadas. Con todo lo que ello representa para el país.

