norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

César Camacho no ha sido un líder auténtico para los priístas. No ha logrado por obvias razones, un bagaje político ideológico ni siquiera mediano, para su partido. No tiene más proyecto que el inclinar la cerviz cada ocasión que se requiera, ante el presidente de la República. Aceptó gustoso el papel de aplaudidor oficial en los acuerdos del Pacto por México. Y dedicado a construir “el PRI de Enrique Peña Nieto”, se olvidó de cualquier compromiso del PRI para con la sociedad.

El resumen de la actuación del señor Camacho al frente del PRI sin embargo, queda pálido con la forma en que se decidió enfrentar el caso de Cuauhtémoc Gutiérrez y las muchas acusaciones registradas en su contra.

César Camacho, lo ha demostrado a lo largo del tiempo transcurrido al frente del PRI, no es un hombre de decisiones. Es obediente. Y por lo tanto, capaz de cambiar de postura y de ideas conforme conviene al que ordena.

Pero en el caso del exdirigente del PRI en el Distrito Federal, las cosas adquieren una tonalidad mucho más serie y por supuesto, más que preocupante.

Uno de los discursos recurrentes de Enrique Peña Nieto en campaña, fue el relacionado con las mujeres. Según se decía en la lucha por alcanzar el voto, las mujeres tendrían todo tipo de conquistas y de beneficios. El país, por fin, les haría justicia.

Y uno de los puntos sobre los que se trabajó, fue el de la equidad de género que, sin lugar a dudas, tenía un elevado contenido de demagogia, pero que significaba un avance. Menor, pero avance al fin.

Las mujeres pasaron a ser parte del juego de imágenes del gobierno. Se les tenía como coartada para muchas decisiones. Y se abría una puerta para mejorar la presencia de un gobierno que tenía problemas, a querer o no, en el terreno del respeto al sector femenino por el pasado del titular del

Ejecutivo Federal.

Pero todo eso se vino por tierra justo en el momento en el que el entonces titular del PRI capitalino fue atrapado por el escándalo de la utilización del personal femenino en las instalaciones del partido, para satisfacer los apetitos sexuales del señor Gutiérrez y sus allegados.

El escándalo provocó la remoción del dirigente. Y se inició un supuesto juicio interno. Pero al paso del tiempo, las cosas cambiaron. Y el PRI decidió no expulsar de sus filas a tan digno representante. Se le aplicó una “suspensión de derechos” y con ello se resolvió todo. O al menos eso pensó el señor Camacho.

El problema en este caso es muy sencillo. El discurso en favor de las mujeres y del obligado respeto a ellas, es de Enrique Peña Nieto. Pero la relación con Cuauhtémoc Gutiérrez, también es de Enrique Peña Nieto.

Podría, sólo como ejemplo del problema, recordarse que, al arranque de la campaña de Beatriz Paredes como candidato al gobierno del DF, el ya candidato presidencial Enrique Peña Nieto, llegó acompañado por el gran enemigo político de la abanderada priísta, Cuauhtémoc Gutiérrez. Un mensaje claro y contundente. Las decisiones en el DF se tomaban por fuera de los acuerdos políticos que pudiera necesitar Beatriz Paredes.

El PRI quedó entonces atrapado en el caso Gutiérrez, en una trampa creado por ellos mismos. Se requería de una decisión con fuerza moral y ética para demostrar que el respeto a las mujeres dentro del PRI y por lo tanto, desde el gobierno, tenía soporte.

Al mismo tiempo, se necesitaba una decisión política para dar al PRI alguna posibilidad de victoria en alguna de las posiciones en disputa en las elecciones de junio próximo.

Y el PRI, con las órdenes recibidas, dio paso a la segunda. Dejó a las mujeres priístas con todas las ofensas del caso. Y las obligó a callar y a soportar la burla. Y con ellas, quedaron burladas todas las mujeres en el país. El interés político del PRI y del gobierno, quedan muy por sobre las aspiraciones de las mujeres.

César Camacho puede presentar todos los argumentos “legales” que quiera para justificar su sometimiento ante Cuauhtémoc Gutiérrez. Pero la verdad es que, sin rubor alguno, el PRI dejó ver que en el terreno de la moral, no tiene capacidad ni movilidad alguna.

Y que está dispuesto a cualquier cosa, con tal de alcanzar sus objetivos políticos. Y si alguien tiene dudas, que le pregunte al Partido Verde, por ejemplo.