El gobierno federal mantiene la estrategia de alarmar a todo el mundo sobre el futuro económico. Y ya no sólo se habla de los “difíciles momentos” que nos esperan, o de “los años que tardará el problema de los precios del petróleo”. Ahora se deja saber que los recortes alcanzarán y pronto, a las plazas de la burocracia.
En pocas palabras, la crisis está a la vista. Y se toman las medidas que se considera, pueden ayudar a evitar que los daños sean mayores. Y bastaría con entender que el gobierno prefiere pagar el costo político del aviso de los recortes de personal, a un par de meses de las elecciones, antes que esperar a que el proceso electoral concluya para iniciar las medidas preventivas.
Es claro que para el gobierno el escenario lleno de optimismo ha terminado. Como lo es el que para los ciudadanos, la esperanza de una mejoría derivada de las reformas estructurales, ha dejado de existir. A partir de ahora, habrá que esperar, y no poco, para que dichas reformas impacten realmente en nuestra economía.
El país vive una versión moderna y poco agradable, del “realismo económico” que impuso Carlos Salinas de Gortari. Con la diferencia de que el momento de las decisiones es totalmente diferente. En el pasado, todo sucedió después de los comicios. Ahora, las cosas aparecen antes de las elecciones.
La situación tiene que ser muy seria. El anuncio del equipo de la Secretaría de Hacienda tendrá un impacto directo en las urnas. Y aún así, la decisión fue puesta en marcha. El tamaño del reto a vencer tiene que e proporcional a esta decisión.
Y dentro de las decisiones que se han tomado, aparece el anuncio de que los programas oficiales serán revisados. Y ya se comentó que cuando se anuncia algo así, lo que se puede esperar es la desaparición de buena parte de dichos programas.
El gobierno, de nueva cuenta, prefiere pagar el costo político de hacer saber que se mantenían programas que no funcionaban de manera adecuada o que no daban los resultados que se esperaban,
antes que dejar de contar con recursos para la crisis.
Dicho de otra manera, se sabía que existían planes y programas que sólo servían para gastar dinero y nada se hizo al respecto. Ahora, ante la crisis, se toma la decisión de acabar con planes y programas, a pesar de que ello implica que las autoridades del ramo no tenían el control real del gasto, o toleraban un gasto que nada producía como no fuera corrupción o ineficacia y claro está, alianzas políticas.
Esto conduce a la determinación de cortar plazas en las filas de la burocracia.
Hasta el momento, la Secretaría de Hacienda había mantenido sus pactos con los líderes de los trabajadores al servicio del estado. Se habían mantenido los acuerdos. Y la nómina no se había tocado.
Había ya, recortes en las filas de organismos e instituciones que dentro de las filas del gobierno, no son parte de la estructura formal de la burocracia. Pero los recortes en este sector no alcanzan para cubrir las necesidades del nuevo presupuesto.
Ahora, la Secretaría de Hacienda prepara una serie de encuentros con los líderes de los trabajadores. Se hablará por supuesto, de las medidas “espejo” que se aplican cada año al momento en que se anuncia el aumento para los maestros. Pero también se espera que se toque el tema de los recortes de personal. Y ahí habrá problemas.
El gobierno recortará planes y proyectos. Pero las alianzas que se han sellado con el PAN podrían no aceptar los recortes en la alta burocracia creada por Felipe Calderón, Y ello llevaría a la salida del personal de las posiciones medias.
Desde luego, el proyecto no entrará en vigor de un día para otro. Pero la tormenta no se detendrá. Al momento en que se conozca el tamaño de la medida, la crisis interna explotará.
Y ese será el marco sobre el cual se trabajará una vez que las elecciones de junio sean cosa del pasado.
Por vacaciones del autor, PESPECTIVAS no se publicará la próxima semana, para reaparecer el lunes 6 de abril.


