¿En realidad no hay nadie en Los Pinos que entienda el problema de la caída en la popularidad del presidente Enrique Peña Nieto? ¿La distancia entre el gobierno y los ciudadanos es un tema menor? ¿Con seriedad, piensan que el reto se puede vencer a base de discursos?
Las interrogantes parecen obligadas ante el nuevo reto planteado por los errores del propio gobierno que no acaba de salir de una crisis, cuando se ha sumergido en una nueva, pero siempre bajo el mismo estilo: el desprecio absoluto por lo que la sociedad pueda pensar.
Hace unos días apareció producto de una cadena estadounidense de televisión en español, un video de la señora Angélica Rivera, primera dama de México, en Beverly Hills, acompaña de sus hijas, sus hijastras y algunas amigas de las jóvenes, de compras en las exclusivas tiendas de Rodeo Drive.
Y la reacción social fue, como es lógico, de rechazo y de ataque. Y todo el peso de la factura, a cargo, como es obligado, a cargo del presidente de la República.
Ante ello, la pregunta obligada es ¿a nadie le importa este problema en Los Pinos?
Resulta ilógico por decir lo menos, suponer que en la casa presidencial no se sabía nada del viaje. Y no es aceptable pensar que no se sabía que la idea de “ir de compras” en una de las zonas más caras del planeta, tendría, o podría tener efectos negativos sobre el gobierno en lo general y sobre el presidente Peña Nieto en lo particular.
El reciente viaje oficial a la Gran Bretaña provocó comentarios poco agradables sobre los excesos de la comitiva mexicana. Lo mismo por el número de viajero, que por los vestidos que lucieron la primera dama y una de las jóvenes hijas de la pareja presidencial. El colmo llegó cuando una revista de esas dedicadas a las cuestiones sociales, desplegó a lo largo de varias planas, las maravillas de la moda que las mexicanas lucieron en Londres durante la citada visita.
Y ello tuvo un costo en la popularidad del gobierno en los niveles de aceptación del gobierno. La caída en ambos renglones no se detenía. Y nada se hizo para buscar un remedio.
Ahora, otra vez con la moda como punta de lanza, las críticas a los excesos de la familia presidencial se desatan. La supuesta compra de un vestido de fiesta para una graduación es el tema. Y el costo de los modelos vistos, de veinte mil dólares o más, creó el ambiente de abierta hostilidad que se desató contra el gobierno.
Así, ¿quién o quiénes en Los Pinos no han detectado el problema? ¿Por qué no se hace nada?
Es obvio que el problema no es el dinero. Alegar que el viaje o las compras no están al alcance de la señora Rivera no se ajusta a la realidad. Los viajes tampoco se salen del nivel. El problema es la total falta de sensibilidad. El no entender, o no poner atención real, sobre el clima social que existe en el país y no querer ver el daño que ello causa al gobierno.
El exceso es obvio. Y el no aceptar que la posición de primera dama o de pariente del presidente de la República implica un sinnúmero de ventajas, pero también importantes compromisos. Y uno de estos últimos, es el no provocar a la sociedad. O a parte de ella.
Se puede, por supuesto, hablar de los resentidos, de la “prole” o de muchas cosas más. Pero todo ello lo único que logrará será elevar el grado de molestia.
La visita a Rodeo Drive tiene el problema de que es ofensiva para una sociedad que enfrenta en estos momentos, carencia de trabajo, salarios bajos, inflación, devaluación, inseguridad y la promesa de que el resto del año será muy difícil, pero que el próximo será mucho peor.
Ver vestidos para una fiesta, con costos por arriba de los veinte mil dólares es algo que sin más, agrede a la mayor parte de los mexicanos que, día a día sufren con el aumento al huevo, o la imposibilidad ya, de comprar carne para alimentar a la familia.
Por ello resulta indispensable saber ¿por que en Los Pinos no se pone un límite a esta situación? ¿Qué es lo que se piensa en Los Pinos sobre las molestias de la población? ¿Cuando la segunda cadena en español de la televisión estadounidense informa sobre una tour de compras de la familia del presidente mexicano, en una zona exclusiva de Los Angeles, en verdad se acepta la idea de que todo es un complot?
En Los Pinos se vive un reto muy serio. Pero el problema es que ese reto se convierte en todo un problema para los mexicanos. ¿Quiénes están en control de las decisiones? ¿Cuáles son realmente, los puntos sobre los que esas decisiones se toman? ¿Qué papel juega en ello la opinión pública?


