norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

El gobierno federal se lanzó a la batalla de la credibilidad en Tlatlaya. Y el resultado fue un verdadero desastre. Se lanzó de nueva cuenta a la lucha por la confianza en Iguala, y la “verdad histórica” que se presentó terminó arrumbada por la demanda de nuevas líneas de investigación lanzada por los expertos de la CIDH. Buscó presentar la “pacificación” de Michoacán como gran éxito, y ahora tiene que enfrentar una larga serie de dudas que le han obligado a reconocer que podrían abrirse nuevas indagatorias sobre lo sucedido el pasado seis de enero en Apatzingan.

La realidad es sencilla: la credibilidad del gobierno se encuentra en su peor momento. Y la lentitud de sus respuestas y falta de confianza ciudadana, se han convertido en una losa que impide que el equipo en el poder, pueda dar salida a la crisis que enfrenta.

En Michoacán, durante la licencia de Fausto Vallejo en el 2013, se realizó una gran cumbre en la que se selló el pacto por la seguridad del estado. Con Miguel Angel Osorio Chong, titular de Gobernación, a la cabeza y con representantes de todos los sectores de la entidad, se dio vida ala cuerdo que, se dijo, llevaría a la tranquilidad a la entidad.

En Octubre del año pasado, en Tlatlaya, Estado de México, se registró un enfrentamiento entre militares y supuestos delincuentes. Una veintena de civiles muertos fue el saldo. La autoridad presentó los hechos como el resultado de la lucha armada. Pero la realidad se abrió paso al correr las semanas. Ahora se sabe que los soldados ejecutaron a sangre fría a los civiles.

En septiembre pasado, 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, fueron secuestrados en Iguala. Las autoridades tardaron en tomar las riendas del caso Y ante la presión nacional e internacional, intentaron este año, dar sustento a una “verdad histórica” que establecía que los estudiantes habían sido asesinados y cremados y que ya no se podía hacer nada por ellos.

No obstante, hace unos días, expertos latinoamericanos enviados por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos demandaron nuevas líneas de investigación, con lo que la “verdad

histórica” quedó, en el mejor de los casos, como incompleta.

En mayo del año pasado, con Miguel Angel Osorio Chong como figura principal, en Tamaulipas, se anunció la puesta en marcha de un plan se seguridad que tenía como objetivo, devolver la paz y la tranquilidad a las familias tamaulipecas.

Se dividió a la entidad en 4 zonas, cada una con un jede se seguridad. En Octubre, uno de esos jefes fue asesinado brutalmente. Y en la actualidad, Tamaulipas es una de las entidades más violentas en el país.

En relación a Apatzingan, las dudas se convierten ahora, en una nueva batalla perdida para el gobierno. El excomisionado Alfredo Castillo pide pruebas que demuestren la masacre, cuando en realidad lo que hacen falta son pruebas contundentes de que la verdad oficial tiene soporte.

Ante esta ola de derrotas, el presidente Enrique Peña Nieto lanza desde Veracruz, un mensaje en el que reconoce que la violencia es aún un problema para el país, a pesar de que existen grandes avances

Pero también elogia a marinos y a soldados. Y con ello, avala su actuación. Y rechaza por lo tanto, las críticas y las dudas existentes sobre lo que sucede en la República.

Y entonces, lo que la realidad nos dice es que el gobierno federal no quiere responder para aclarar, sino responder para imponer.

Nadie quiere destruir instituciones ni personas. Pero sí se quiere conocer que sucede en realidad.

Washington, vía el Departamento de Estado, habla de violencia en dos tercios del país. La prensa internacional destaca la información que señala que en Michoacán se masacró a 17 civiles. Iguala se mantiene como una herida abierta. Se perdió la batalla ante comités de la ONU sobre desapariciones forzadas y sobre tortura. Tlatlaya no se resuelve. Y en la mayor parte de estos casos, la actitud oficial tenía más la intención de ocultar, que de aclarar.

Así, ¿qué es lo que sucede en el país? Y lo que es más importante, ¿en realidad se quieren resolver las cosas, o simplemente se espera que el tiempo ayude al olvido?