Carstens y el discurso oficial
Entre los pocos funcionarios con credibilidad, estaba Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, quien en su momento, llegó a la confrontación con Felipe Calderón Hinojosa cuando era jefe del Ejecutivo federal por no concordar en la política monetaria y económica. Eso salvó al país de una “pulmonía” que hoy estaríamos pagando.
Incluso durante los dos primeros años de este gobierno, Banxico con la credibilidad que le debe dar la supervisión internacional, planteó números y puntos de vista distintos a los de la administración federal, constituyéndose en oráculo de la verdad económica del país.
Algo pasó y parece que Don Agustín dobló las manos o se contagió porque hoy a pesar de que existen fundamentales negativos para la economía de los mexicanos, él afirma lo contrario y afirma que el salario se sostiene, que la inflación está súper controlada, con precios a la baja, por lo cual según él, debemos confiar en el buen manejo de las finanzas públicas.
Así lo sostuvo al rendir su informe trimestral ante comisiones del Senado. Pero ahí mostró contradicciones, como el que la inflación se mantiene bajo control y que ni la devaluación del peso y el consiguiente aumento de precios provocan un evento encarecedor y empobrecedor.
Para economistas, lo dicho por Carstens es mentira ya que de entrada, el sólo encarecimiento del dólar hizo subir precios en todas las importaciones, incluso las ilegales, especialmente en alimentos, electrodomésticos y hasta productos duraderos.
En ese sentido tiene la razón la senadora Dolores Padierna cuando asegura que se mantiene estable la inflación merced a la contención salarial cuyo efecto negativo es la caída del poder adquisitivo del salario, fenómeno que trae consecuencias aún más graves pues cae con ello el consumo, las ventas y viabilidad de empresas.
De tal suerte que con un proceso que en vez de estimular la economía la adelgaza y la reduce, no se pueden tener buenas expectativas, por el contrario ya que incluso incide en los ingresos fiscales.
Esto es que al haber menos demanda, bajan ventas, empresas se endeudan, quiebran y cierran generando desempleo y una baja adicional en el consumo e impuestos.
Ese es el peor escenario para una economía, es un paso recesivo con las consecuencias de corto y largo plazo que implican primero, la posibilidad de frenar la caída, recuperar y luego intentar avanzar con medidas que obvio, deben estimular el consumo que es la energía necesaria del mercado.
El asunto es grave pues de acuerdo con cifras del Inegi, en lo que va del año el poder adquisitivo del salario presenta una caída general de menos 5.5 por ciento, en tanto que en 2014 la depreciación oficial superó el 2.5 por ciento, aunque en términos reales fue por arriba del 3.5 por ciento por aquello de la inflación subyacente que pega principalmente en los estratos medios.
Total que en materia de cifras se pueden hacer manejos, por ejemplo en vez de reconocer una inflación actual del tres por ciento, se puede decir que en relación al año pasado estamos tres décimas por arriba y así el impacto es menor en la memoria colectiva.
Lo malo de todo esto es que ya “hasta” Agustín Carstens esté realizando un manejo “oficial” de cifras, con lo cual, el Banco de México dejará de ser referente para quienes intentamos analizar o comentar la realidad económica de este país donde las cosas se complican cada día más y no se alcanza a ver la luz al fondo del túnel porque los ingresos fiscales, continúan cayendo.


