miguel angel rochaAlto costo de la ¿Democracia?

Miguel A. Rocha Valencia

Sin el menor recato pero si con el  mayor cinismo, el Instituto Nacional Electoral publicó que en este año de “bonanza”, gran actividad económica y pleno empleo, se gastará junto con los partidos la suma de 18 mil 572 millones de pesos.

De ellos aclara, cinco mil 355 millones 522 828 pesos, los entregará a los partidos “nacionales” para su financiamiento, mientras que 13 mil 216 millones 888 mil pesos, se los despachará el propio INE en gastos de operación que por cierto, no son auditables ya que se trata de un organismo público autónomo.

Por eso de sus excedencias en gastos nos enteraremos por otras instituciones o bien cuando trasciendan las cuentas que al menos Hacienda deberá recibir por la vía documental física o virtual, pero ya para entonces los recursos se habrán ejercido, descontando aquellos que se regresen por concepto de multas a los partidos y de cuyo fin no sabremos aunque en principio deben retornarse a dicha secretaría que a su vez, en algún  lugar los pondrá pero no para gastarlos “oficialmente” pues no están presupuestados en el rubro de “ingresos”.

Pero más allá de esas minucias que pueden representar varias decenas de millones, el hecho importante es el gasto “obligado” de los 18 mil 572 millones que debe realizar el INE en complicidad con los partidos constituidos al fin y al cabo en apéndices de una burocracia no prevista en el presupuesto de Egresos y del cual pueden disponer al  margen de cualquier mandato de la ley de servidores públicos.

De hecho de los cinco mil 355 millones, los partidos toman para mantener sus estructuras donde “todos caben” aunque como ocurre, se den prácticas como la inclusión de parientes, novias, recomendados, cuya contratación, a diferencia de la burocracia “normal” no pasa por el tamiz de la regulación, lo cual es ganancia, lo mismo que el “bateo” libre para los negocios especialmente aquellos que en el Verde son conocidos, como la venta de candidaturas.

Ahí también entran pagos de facturas como ocurre con las televisoras; ejemplos claros de ellos, la hija de un magnate azteca y Carlos Puente, ambos “Senadores de la República”.

Los partidos se convierten en instrumento de “colocación” de los cercanos, más aún si se detenta el poder de la nómina oficial. Ahí en las estructuras partidistas se puede colocar a quienes no cupieron en la nómina oficial.

Por eso los partidos no dejan que caigan sus prestaciones a pesar del repudio social y de quienes nos negamos a financiar organizaciones que no nos representan.

En la estructura de los propios organismos electorales sucede lo mismo, lo cual es peor.

Por eso tampoco se deja que baje el presupuesto del Instituto federal y los locales, ahí caben todos los demás que participan en el jugoso negocio llamado política. De ahí también que esos organismos dizque ciudadanizados, respondan a intereses partidistas y no sociales.

Así las cosas imaginemos si los personajes con mayores salarios de este país van a pensar no en la prole del imaginario de la ignorancia, sino en el proletariado al que llama a votar, exhorto que al fin de cuentas es pretexto para justificar un gasto que la verdad no nos imaginamos contante y sonante, pero que para algunos defensores del sistema electoral, es poco si a cambio se garantiza una democracia en la que sólo ellos creen. Como diría Gustavo Méndez ¿Se vale?