El escándalo es inminente. Y el efecto político será importante. Pero el verdadero problema será el entender cómo es que, con la experiencia vivida, no se entendió que en Veracruz el gobierno de Javier Duarte es un verdadero desastre.
El senador Alejandro Encinas presentó una larga serie de denuncias ante la PGR, la Auditoría Superior de la Federación, la Secretaria de la Función Pública y quejas ante la CNDH, la SEDESOL y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, por desvío de recursos públicos para favorecer al PRI.
Encinas alega que recibió todo un paquete de información en el que, con documentos de los que entregó copias a todas las autoridades competentes, se demuestra la forma en que se utiliza el dinero destinado a programas sociales, para respaldar actividades electorales de los priístas.
La denuncia habla de “hasta” 500 millones de pesos. Y si las cosas son como parecen ser, este puede llegar a ser un conflicto de grandes dimensiones.
El gobierno de Javier Duarte ha sido, una y otra vez, señalado como extraordinariamente torpe. Pero del mismo modo, se recuerda que el mandatario veracruzano fue el primero en lanzarse abiertamente, en favor de Enrique Peña Nieto durante la contienda interna en el PRI por la candidatura presidencial.
Veracruz es una de las entidades con mayor índice de violencia. Y a pesar de los desplantes del mandatario estatal, el clima de inseguridad es evidente.
Del mismo modo, el estado es el que mayor número de irregularidades presentó en la cuenta pública del 2013, más del doble de las registradas por Michoacán que fue la entidad que ocupó el segundo sitio en este tema.
En el mismo 2013, Veracruz quedó atrapado en el problema del desvío de recursos vía funcionarios de SEDESOL, que llevó a serios problemas entre los partidos políticos de oposición y el
gobierno federal. En aquel momento, la fortaleza política de la administración de Enrique Peña, que se encontraba en su primer año de gestión, permitió al gobierno veracruzano resistir el golpe, por más que fue evidente que había resultado dañado.
Ahora, cuando el gobierno federal se encuentra en su peor momento en lo que a credibilidad y aceptación se refiere, Alejandro Encinas presenta documentación que aparentemente, acredita un nuevo desvío de recursos en momentos electorales. Y es también, el momento en que el gobierno de Javier Duarte no ha podido explicar el destino de cientos de millones de pesos que la Auditoría Superior de la Federación detectó como irregulares en la cuenta pública del 2013.
El problema amenaza con ser algo más complicado cuando se recuerda que Veracruz es la punta de lanza del PRI para la batalla electoral en el sureste de la República.
Así, muchos piensan que el desvío del dinero puede tener, además del apoyo al PRI en la entidad, el apoyo a los priístas en las entidades vecinas, como Chiapas y Tabasco, estados en los que el priísmo aspira a lograr cantidades importantes de votos, lo mismo para sus candidatos que para los abanderados del Partido Verde.
La denuncia de Alejandro Encinas pone a la vista además, que dentro del gobierno de Veracruz hay funcionarios que no están de acuerdo con el gobierno de Duarte, ya que según el propio Encinas, la información que se le entregó fue recopilada por “funcionarios honestos” del gobierno veracruzano.
Javier Duarte no puede estar al margen del problema. Si se comprueba el desvío, es obvio que el gobernador tendrá problemas muy serios. Y que ello llevaría a una crisis política a la entidad que, además, entrará en ebullición por la lucha electoral por el gobierno estatal que se librará el año próximo.
Esta será una gubernatura de dos años, creada por la ambición de Duarte, que llegó a suponer que podría imponer a un títere para después, imponer a un candidato a modo para el gobierno ya de seis años.
El reto lanzado en Veracruz contra el gobierno y el PRI puede convertirse en un verdadero dolor de cabeza para los priístas en lo particular y para la administración federal en lo general.


