norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

El presidente Enrique Peña Nieto se reunió con un cuadro de elementos del Centro de Investigaciones y Docencia Económicas, para recibir de ellos, un informe sobre la problemática de la de la justicia en nuestro país. Y de nueva cuenta, reconoció el atraso que en la materia, enfrentan los mexicanos, en lo que parece ser un intento por recuperar terreno político que por remediar problemas.

Pero este tema se ha convertido en algo repetitivo. Promesas, diagnósticos, más promesas, nuevos estudios y más promesas. Plazos para alcanzar metas que se pierden en el tiempo. Y nada de resultados que satisfagan las demandas ciudadanas.

La realidad establece que en el campo de la seguridad y la justicia, el gobierno actual ha fracasado de manera estrepitosa. Y según sus propios pronunciamientos, la derrota es algo que no sólo está a la vista, sino que podría ser el verdadero colapso político para el grupo en el poder.

En la parte final del 2011, inicios de noviembre, Enrique Peña Nieto dio a conocer su libro “México, la Gran Esperanza. Un Estado Eficaz para una Democracia de Resultados”.

En la reflexión contenida en el libro, Peña Nieto expone lo que sería su proyecto de nación en el caso de vencer en las elecciones. Y en su diagnóstico decía que el “estado mexicano ha perdido eficacia por su incapacidad para cumplir con sus obligaciones básicas en materia de seguridad” y varias más entre las que destacó por supuesto, el fracaso en el objetivo de alcanzar un crecimiento económico sustantivo. Alegaba que México había tenido en los diez años anteriores, con el PAN en el poder, el crecimiento económico más bajo de los últimos 80 años.

Ahora, dos años y medio después de iniciada su gestión, el crecimiento económico mantiene el promedio de crecimiento logrado con los panistas. Y en materia de seguridad las cosas no son mejores.

En aquel entonces, el proyecto de Peña Nieto planteaba una Estrategia Nacional para Reducir la Violencia cuyos tres ejes señalaban como metas el que “los mexicanos disfruten todos los derechos plasmados en la Constitución en su vida cotidiana”; que México “crezca de acuerdo a su verdadero potencial económico” y que “el país recupere su liderazgo internacional como potencia intermedia”.

Los resultados están a la vista. En los tres puntos, las cosas distan de haber llegado a donde se decía que llegaríamos.

Ya en la campaña presidencia, el objetivo fue aún más claro. Se tendrían resultados inmediatos, ya que “nosotros si sabemos como hacerlo”.

La promesa de un año para llegar a los objetivos en seguridad fueron repetidos a lo largo de los primeros meses del gobierno. Ahora, el gobierno se contenta con hablar de que hay mejoría en la situación y se refugia en la captura de los “más importantes líderes de la delincuencia”, dejando de lado el problema que la pulverización de las bandas criminales significa.

Ante todo esto, el que los integrantes del CIDE aporten nuevas ideas tiene su importancia. Pero ideas es lo que se ha presentado. Los hechos y los resultados son los ausentes.

En la primera parte del sexenio, se desbordó optimismo. Se dijo que la gendarmería sería una respuesta contundente. Y los plazos para su puesta en marcha se vencieron una y otra vez. Y en la actualidad, no se sabe a ciencia cierta qué es lo que se tiene, en dónde se tiene y qué es lo que en la práctica, se logró con ello.

Se habló de los resultados que llegaría en cuestión de meses. Pero a dos años y medio de iniciado el gobierno, la realidad nos dice que hay más discursos que efectividad. Los planes van y vienes. Lo que permanece es la inseguridad.

El CIDE plantea crudamente el problema. Y el presidente acepta que la justicia del día a día, está lejos de los ciudadanos.

Pero eso fue lo que se dijo desde que se luchaba por la candidatura. Es lo que se dijo en la campaña. Las promesas se lanzaron una tras otra. Las soluciones llegarían gracias a que los priístas “si saben como hacerlo”.

Y a final de cuentas, lo que se tiene es un nuevo evento para hablar del tema. Nuevas propuestas y nuevas promesas. Habrá más diagnósticos y mas promesas. Con la esperanza de que ahora sí, las cosas caminen por la ruta correcta.

Pero con el temor de que como los decálogos y muchas otras promesas, todo se quede en espera de que el tiempo pase, la desmemoria venza, y el temor de los ciudadanos pase a ser una parte más de la normalidad del “día a día” en todo el país.