norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

El Distrito Federal ha sido para los perredistas, la “joya de la corona”. El poder y el dinero que la capital de la República representa para el partido del sol azteca no tiene igual. Y ese poder le ha permitido a los gobiernos en turno, realizar negociaciones y presentar demandas, ante el poder federal. Ahora, sin embargo, el gobierno capitalino ha recibido una clara señal de que, a pesar de todo, su poder tiene límites. Y muy claros.

El gobierno de Miguel Angel Mancera se ha mantenido en la línea de quedar bien con todos, a pesar de que enfrenta batallas importantes. Así, le mintió a los ciudadanos de la ciudad, con todo el asunto del Metro. Elevó la tarifa y el servicio empeoró. Atacó a Marcelo Ebrard por la Línea 12, pero se negó a llegar a las últimas consecuencias, debido a que en el intercambio de golpes que la lucha significaría, él tendría que pagar costos que no estaba dispuesto a realizar.

Elude, siempre, la responsabilidad de los sucesos en la capital, salvo que sean positivos. Se dedica a inaugurar cualquier cosa, pero no hace frente a la problemática diaria de los capitalinos como por ejemplo, el sacrificio que significa el transporte urbano.

Permite que los taxistas se lancen a la lucha contra los nuevos servicios “privados”, en una clara demostración de que su gestión se encuentra atrapada por la cuotas de poder entregadas a todos los grupos existentes.

Ha tolerado el negocio que representa la explosión inmobiliaria en la capital, sin que al mismo tiempo se realicen las obras de vialidad que ya no sólo son necesarias, sino urgentes.

Ha volteado la vista para otro lado al momento en que los “vagoneros” se enfrentan ya entre ellos, ya con la autoridad en verdaderas batallas campales, a pesar de su promesa por acabar con los ambulantes en el Metro.

Mancera estaba dedicado a planear su candidatura presidencial para el 2018. Impulsó su “destape” vía la creciente mediocridad de Carlos Navarrete y la evidente caída en la aceptación del PRD. Y sintió

que tenía todo listo para llegado el momento, dar el siguiente paso en la conquista de sus ambiciones políticas.

Pero se olvidó de los acuerdos. Las fuerzas políticas de oposición, especialmente PRI y PAN también tienen proyectos sobre la ciudad de México.

De esta manera, dio rienda suelta a la guerra interna en el PRD contra los grupos que no le son totalmente dóciles. Se apoderó de las candidaturas. Y atacó sin dudas a sus rivales. Pero dejó correr a otros. Se le puso en bandeja de plata a rivales que el gobierno federal esperaba ver fuera de la lucha político electoral. Y Mancera simplemente eludió el tema.

Se montó en la euforia de su apoderamiento de las candidaturas. Presionó para cambiar aquellas que no resultaron de su agrado. Impuso familiares de sus funcionarios. Y se lanzó de lleno tras la idea de que la transformación del Distrito Federal en la Ciudad de México le daría la plataforma electoral para su candidatura en el 2018.

Y la aprobación del proyecto en el Senado lo llevó a suponer que todo estaba listo y no entendió que su operación política había sido, le guste o no, un fracaso total. Los diputados se negaron a trabajar en 24 horas, una reforma de más de 50 artículos. Y hablaron de dejar el tema para la próxima Legislatura. Y con ello simplemente le dijeron a Mancera que tenía que cumplir los pactos. Tendría que detener a Morena, cerrar filas con el PAN y respetar al PRI.

El mensaje es sencillo. Mancera es lo que es, gracias a los acuerdos políticos con el poder.

Dicho de otra manera, Mancera tendrá futuro político, en la medida en que sostenga los acuerdos y sea confiable para el poder. Y la confiabilidad depende de los resultados del 7 de junio próximo.