Miguel A. Rocha Valencia
Más allá del análisis que sobre la estrategia de terror aplicada por Estados Unidos recurrentemente y de las malas copias que hacen otros países para obtener o afianzar poder político y financiero, la verdad es que en el tema de la violencia provocada por el crimen organizado en México, existe el mismo fondo económico. Todo es negocio, pero con miedo, florecen mejor.
Incluso en esa estrategia se pueden inscribir las acciones de organismos empresariales que tanto en el extranjero como en el país se sirven de ello para presionar gobiernos, obtener ganancia e incidir en políticas públicas. Se dice que mucho de la percepción social respecto a lo “mal que está México”, parte precisamente de los mensajes enviados por la iniciativa privada “nacional” a través de cierre de empresas y despidos de los cuales el imaginario colectivo culpa a malas políticas públicas.
Porque el miedo no sólo se transmite a través de la violencia, de las armas, asaltos, crímenes, también se contagia a través de estrategias económicas o sanitarias donde el mexicano común se vuelve víctima con la inestabilidad laboral, caída del salario, pérdida de empleo o amenaza de epidemias “por culpa del gobierno”.
Incluso se da a través de presuntas enfermedades o tratamientos de recuperación donde el sujeto invierte parte de su patrimonio en protegerse, curarse o rehabilitarse. Por eso las adicciones son un negocio redondo; por eso el interés de personajes de la política e IP por legalizar consumo de drogas.
La expresión de sujetos armados desquiciando ciudades enteras, poniendo en jaque al Ejército y la Marina, es lo máximo en impacto; se acerca a la sociedad a través de los medios y tras ello se hacen palpables intereses económicos tan grandes que tan sólo el mercado de drogas en México se calcula en 30 mil millones de dólares.
Imaginemos lo que esas mismas drogas y medicamentos significan para Estados Unidos, donde hasta hace cuatro años había 23 millones de consumidores, con un aumento cada vez más acelerado a raíz de la legalización de la marihuana en varias entidades de aquél país donde también se autorizó la producción trasiego y comercialización.
La diferencia entre México y Estados Unidos es que acá se persigue a criminales-narcotraficantes y allá, se protege a distinguidos empresarios. Si, así como ocurre con las armas que son legales del otro lado de la frontera y de este, ilegales.
En todo ello, están inmiscuidas autoridades lícita o ilícitamente, según del lado en que se encuentren, pero lo común es la existencia de un interés financiero donde las sociedades son consumidoras a las cuales se les estimula de todas formas, siendo la más efectiva, el miedo a morir, enfermarse, quedarse sin chamba, ser asaltado o simplemente, planteándole un futuro de incertidumbre donde los poderes formales y fácticos, tienen el mismo fin, ejercer poder a través de sus acciones, pero en ningún momento se pueden plantear como objetivo, ofrecer tranquilidad a los gobernados.
Se le pueden poner los colores o signos políticos que se deseen, nombres de cárteles o empresas, al final de cuentas no hay escapatoria de estas estrategias para los ciudadanos de a pie, intereses incluso son trasnacionales y entrelazan a grupos criminales con empresarios, a iniciativas privadas con gobiernos.
Por eso muchos hablan de “control” no de exterminar, pues al final de cuentas son parte de esas estrategias de miedo que sirven para mover masas y a través de ello, obtener poder… y dinero.
¿O qué, hay otros motivos?


