En el juego de la información podría no existir un participante mas malo que el gobierno federal. Incapaz no sólo de responder a las crisis, el equipo en el poder carece ya de credibilidad y no puede siquiera, lograr que la atención nacional le acompañe en sus acciones. Y todo gracias a las constantes incongruencias.
El gobierno de Enrique Peña Nieto se ha negado, una y otra vez, a entender que ha perdido la conexión con la sociedad. Es más, no quieren ver que poco a poco, la distancia para con sus gobernados aumenta día con día. Y así, insisten en aplicar una estrategia que poco o nada, ha logrado.
Han logrado es cierto, dar vida y presencia, por ejemplo, al Partido Verde, al que respaldan en sus constantes violaciones a la ley. Pero al mismo tiempo ignoran, o quieren hacerlo, el hecho de que esa misma actitud habrá de costar aún más ante los ciudadanos.
Pero tal vez el mejor ejemplo de la falla en comunicación que presenta el gobierno federal,se encuentre en el mensaje sobre la realidad nacional.
El titular de Hacienda, Luis Videgaray, habla de lo bien que marchan las cosas. Elogia el crecimiento en el empleo o se refiere con gran confianza, a la fortaleza de la economía y del seguro crecimiento que se logrará este año.
Sin embargo, desde Estados Unidos llega el anuncio de que nuestro vecino al norte, en el primer trimestre del año, prácticamente no creció. La tasa de .2% lograda por los estadounidenses dice, guste o no, que el segundo trimestre no mejorará mucho, por lo que se tendrá que esperar a que inicie la segunda mitad del año para saber si podemos esperar o no, una real mejoría en la economía del país que, a querer o no, es la fuerza que ayuda a caminar a nuestras finanzas.
Del mismo modo, Agustín Cartens, gobernador del banco de México, volvió a bajar las
expectativas de crecimiento de México para este año. Y aun sin llegar al catastrofismo, si parece eliminar para siempre, la esperanza de un aumento en el PIB cercano al 3%. Es más, la postura del banco de México para anunciar que mantendremos los niveles mediocres sostenidos por el país en los últimos años.
Dicho de otra manera, las grandes promesas hechas por el gobierno en materia económica podrían no sólo estar lejos de alcanzarse, sino que podrían haberse ubicado ya fuera del alcance de este sexenio.
Igualmente, en lo político, las cosas según los discursos, marchan viento en popa. Pero la realidad parece decir otra cosa.
Hace poco, el secretario de Gobernación, Miguel Argel Osario Chorrón, habló de que en estos momentos, el país se encontraba en materia de seguridad, mucho mejor a los años anteriores. Y estalló Jalisco en un evento que arrastró consigo a otras tres entidades. La mejoría que ve el gobierno es algo que los ciudadanos no sienten.
El riesgo que se corre en las elecciones es evidente. No es sólo ya una entidad o dos si se quiere ampliar el marco. En estos momentos, el riesgo para el proceso electoral es mucho más grandes. Y la violencia podría aparecer en cualquier parte.
Además, las violaciones a la ley electoral corren libres por todo el país. Partidos, candidatos y autoridades violentan el marco legal como mejor les conviene. Y nadie hace nada. Y lo que es más serio, se tiene la impresión de que el gobierno federal acepta estos hechos. Así, el partido Verde se convierte en un violador profesional de la ley, seguido muy de cerca por el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle que no pierde la oportunidad de figurar como aspirante presidencial, olvidando sus ataques a los derechos humanos y la condena que en ese terreno pesa su accionar como mandatario.
Total, el desorden político que podría encontrar en las torpezas del Senado y la desaparición del proyecto de seguridad del presidente, escrito en el famoso decálogo que la Cámara Alta ignoró, una de sus mejores demostraciones del problema que enfrentamos.
Con semejantes contradicciones, es imposible que el gobierno mejore su imagen. No saben comunicar. Tienen enorme soberbia y sobrada molestia en contra de muchos medios. Y suponen que el problema está en un complot en su contra.
Carecen del mas elemental sentido de la autocrítica. Y por ello se quejan de que los mexicanos no son capaces de ver las buenas noticias. En el supuesto, de que éstas existan.


