Miguel A. Rocha Valencia
El robo en gasolineras es no solo insultante sino cínico e impune, con todo y que la Profeco visite, inspeccione o multe a los raterazos concesionarios de estaciones de servicio.
Bueno es tan grande el atraco a millones de automovilistas que los gasolineros prefieren absorber multas por 250 mil pesos, que sujetarse a una verificación. Invierten también en nuevas y sofisticadas formas para atracar a consumidores ante la incapacidad de cualquier autoridad para ponerlos en orden.
Reportes recientes indican que en 2014 la Profeco revisó las bombas de mil 792 estaciones de servicio, de las cuales mil 17 registraron irregularidades, es decir, el 56 por ciento.
Pero lo peor es que hubo 233 gasolineras cuyos concesionarios se negaron a ser verificadas y prefirieron pagar multas de 250 mil pesos, que por ley es la mayor posible. Es decir el atraco con la venta de gasolina es tal que les alcanza para cubrir esos cuantiosos castigos. Pagaron en conjunto 58 millones de pesos en multas.
El mal ejemplo crece y en lo que va del año se han checado 400 estaciones de servicio de las cuales 274, es decir el 68 por ciento, fueron inmovilizadas no sólo por robar en el despacho de combustible sino por no contar con señalizaciones. Otras 39 negaron la revisión y les aplicaron los 250 mil pesos de multa.
Una de las formas de robar combustible a los manejadores es retrasar el despacho hasta por 11 segundos. Es decir que la gasolina no entra al tanque al echarse a andar el dispositivo de cobro, sino tiempo después y en ese lapso, le meten a los coches ¡puro aire! o nada.
De acuerdo a la información, los despachadores aplican también modificaciones remotas vía electrónica y apagan la corriente eléctrica para reiniciar en ceros. Estas trampas se pueden hacer porque la autoridad no tiene facultad para revisar transmisores electrónicos que se encuentran dentro de las oficinas y desde estas se hace la trampa.
Ante tales evidencias de un robo “altamente redituable” para los concesionarios, es urgente que se den más atribuciones a las autoridades competentes a fin no sólo de poder ampliar las verificaciones y revisiones sino también contar con el instrumental necesario para cumplir la tarea, ya que su actual “equipo” son botes de plástico.
Haría falta que aplicaran los instrumentos electrónicos de medición y que se pueda realizar la verificación de los equipos que controlan el despacho de las bombas aún al interior de las oficinas. Por lo que toca a las multas, ya se vio que pueden absorberlas privados de la risa, por lo que tal vez sería mejor tipificar el escamoteo de combustible como lo que es ¡robo!, de tal suerte que a los concesionarios se les pueda imputar penalmente y los metan en la cárcel.
Tal vez tipificándolos como lo que son, delincuentes, los concesionarios de estaciones de servicio decidan ya no robar, pues lo hacen a sabiendas de que los cubre un alto margen de impunidad en la que, con una multa o el ocultamiento de equipos en instalaciones cerradas, les evita estar tras las rejas cual ladrones comunes, pero en alta escala.
Incluso podrían imputárseles cargos por asociación delictuosa o crimen organizado, pues montan toda una parafernalia para atracar a mansalva y salirse con la suya con todo y multas que, reiteramos, es como quitarle un pelo al gato.


