norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Con la vieja y nada efectiva receta de los “palos de ciego”, el gobierno federal intenta salir de la crisis que le agobia. Pero, como ya es tradicional en este sexenio, los resultados simplemente no aparecen por ningún lado.

Así, intenta presentar un mejor panorama en torno a la violencia, pero la realidad se encarga de poner las cosas en su lugar. El grupo en el poder habla de los derechos humanos, pero Roberto Campa, subsecretario de Gobernación sobre la materia, habla en privado con Amnistía Internacional para reconocer que “México está metido en un grave problema” en ese tema.

Se quiere tranquilizar al país sobre el desarrollo de las elecciones, pero en Guerrero la tensión aumenta, el gobierno local, si es que ello existe, entra en crisis interna y la división del poder sólo eleva el grado de dificultad a vencer.

Pero el punto sobre el cual las cosas podrían cimentar su mayor descomposición corre a cargo del IMSS. Y una larga serie de problemas que pueden derivarse de los sucesos en Chiapas.

En Simojovel, municipio pobre como la inmensa mayoría en la citada entidad, se aplicaron vacunas contra la tuberculosis, el rotavirus y la hepatitis B. Y los resultados no pueden ser más serios.

Dos bebés, de menos de un mes de nacidos, murieron. Y otros 29 presentaron reacciones severas ante el medicamento. El IMSS detuvo inmediatamente el proceso de vacunación y se inició una investigación sobre lo sucedido. El problema es que se investiga sobre lo sucedido ¿pero y qué se hace con el problema de fondo que no es otro que las fallas en el protocolo de seguridad sobre los medicamentos?

Dicho de otra forma. ¿No hay control real sobre las medicinas, su calidad y su aplicación?

El problema es mucho más serio de lo que se ha reconocido. El IMSS es el mismo que fracasó de

manera estrepitosa en el caso de la Guardería ABC en Hermosillo, en donde los padres de las víctimas se mantienen a seis años de distancia, en espera de que se les haga justicia.

Ahora, en una localidad pobre, se aplica un medicamento y los resultados están lejos de ser los que se querían. Y las víctimas, otra vez, son infantes.

Así, la pregunta tiene que ser más amplia y precisa: ¿qué es lo que sucede en una institución que tendría que dedicarse a la protección de los afiliados?

El gobierno de Enrique Peña Nieto enfrenta serios problemas en el terreno de la corrupción. Ha intentado manipular a la opinión pública en situaciones serias y riesgosas como el caso Tlatlaya o se ha enredado por falta de información en temas como el de Iguala.

Ha enfrentado críticas internacionales en el terreno de las desapariciones forzadas y en derechos humanos y no ha encontrado una ruta de escape efectiva.

Ahora, con el esfuerzo del IMSS por demostrar que el problema no es tan serio, la realidad nos dice que en el campo de la seguridad social la situación dista de ser la que se presenta en los discursos. El caso es incluso, más riesgoso que el de las guarderías, que resultó ser de lo más serio.

En el caso de Sonora se evidenció incluso, el conflicto de intereses. Ahora, en el manejo de medicamentos las cosas tienen que aclararse totalmente. La confianza en el IMSS es la confianza en el gobierno.

La administración peñista recibe el golpe en un momento de seras fallas políticas. Y con la amenaza de que el caso de la constructora OHL y sus obras con sobreprecio en el Estado de México llegue, como otros, a los más altos niveles del grupo en el poder.

Es sencillo adivinar el efecto de una crisis en el IMSS y un nuevo señalamiento sobre corrupción en el poder, derivado de los señalamientos hechos en Toluca sobre aquello de que los “sobreprecios en las obras se pactaron en el gobierno anterior”.

El gobierno federal no encuentra una salida. Y su política fincada en no aclarar nada o negar todo, difícilmente resolverá el problema. Los “palos de ciego” no funcionan.