¿Nueva estrategia o cambio de rostros?
Miguel A. Rocha Valencia
¿De verdad creen los nuevos encargados de “Prensa” de Presidencia que con un curso intensivo a “destacados periodistas”, especialmente de medios electrónicos y de “buen ver”, se dará un viraje real a la estrategia de “comunicación social” y se sacará de la ignominia la imagen de la actual administración? No lo creemos.
Para empezar habría que establecer si la cabeza de la nueva estrategia es la adecuada y si se identifica con los medios que “hacen imagen real”, o si se trata de un personero construido igual, a través de medios electrónicos a quienes se distingue con la entrega del 90 por ciento del presupuesto de Comunicación Social. Eso, cuando se ejerce.
Este dato es muy importante para saber si quien encabeza el proyecto realmente estará cerca de los periodistas, no los pagados, sino aquellos que sí hacen opinión pública, esos que no salen a cuadro, y sin embargo sostienen un criterio que magnifica los errores de la administración o sus actitudes respecto al lumpen.
Porque a pesar de todo lo que se diga y los esfuerzos del gran capital, encabezado por Carlos Slim y el CCE, por profundizar el sentimiento negativo hacia una administración que se ha mostrado soberbia o incompetente, o las dos cosas, hay elementos positivos de gobierno que no trascienden.
La nula difusión de puntos positivos se impone, no obstante que cuentan con profesionales con talento, que saben arrastrar el lápiz y operar en la estructura actual de comunicación oficial, pero no los dejan actuar, los atoran, los amarran, porque simplemente saben más que la misma cabeza, al menos en esa materia.
O sea, de nada sirve tener tanto talento en casa si no se le da autoridad para actuar, si se les pichicatean espacios y recursos a pesar de que a lo largo de sus trayectorias han mostrado sus capacidades.
Se habla hoy de cursos para los neo comunicadores, se insiste en personajes algunos ligados a televisoras a quienes se capacita para ser personeros de la “nueva estrategia”, comprometidos con la causa y se deslegitima incluso a los de la misma casa presidencial que cuentan con grandes capacidades, pero sin autoridad.
Si de eso se trata, no habrá cambio real sino cosmético, de personajes, pero los resultados serán peor porque para este tipo de tareas se necesita ser profesional, reconocido, identificado con el medio.
En todo caso, no se trata de rostros o cámaras, sino de opiniones, análisis y mensajes más allá de la teoría. Se trata de operar, juntarse, arrastrar el lápiz, y eso no se aprende en un gabinete o en un curso intensivo donde se paga bien a los maestros y con ello se les compra a comunicadores el criterio, “la línea” que hoy es crítica.
Pero más importante que todo eso, lo que se requiere la acción de gobierno sin dudas y con decisión, incluso frente -pero no contra- el poder real del dinero, de quienes a golpes pretenden conseguir lo que se les niega, someter al de enfrente.
Claro, también se deben enmendar los pecados, especialmente aquél que se traduce en la sustracción de los dineros públicos destinados a inversión o programas sociales.
Y si no hay sustracción sino ausencia de difusión, explicar dónde quedaron los recursos, confesar la culpa, pero no dejar en el aire la imputación de escamoteo presupuestal.
Si no hay inversión pública explicar por qué; informar hacia dónde se dirigieron los miles de millones presupuestados para tal efecto y no esperar que por obra de recursos foráneos se cubra un hueco que cada vez se hace más grande y que algunos valoran en dos billones de pesos.

