El proceso electoral que vive el país ha resultado ser cualquier cosa, menos una lucha política en favor de los ciudadanos. Y desde ahora queda claro que los partidos políticos han trabajado más para construir el conflicto postelectoral, que una plataforma atractiva para los ciudadanos. Y todo claro está, con la complicidad que brinda la incapacidad de la autoridad electoral.
La última reforma electoral quedó cimentada en la idea que se vendió a los votantes: un cambio para elevar las garantías y dar paso a los procesos inatacables.
Así, el IFE pasó a menor vida y se construyó el INE. Y supuestamente, se integró el nuevo grupo de consejeros, con Lorenzo Córdova a la cabeza. Se garantizaba, se dijo, la firmeza y legalidad de las elecciones.
Hoy, a tres semanas de los comicios, lo único realmente claro es que habrá conflictos y los resultados serán puestos e duda por todos. Y que ello se debe en buena medida, a que el grupo que preside Lorenzo Córdova es todo lo que se quiera, menos un cuerpo capaz y eficiente.
Bastaría con poner algo de atención sobre el caso del Partido Verde para entender el tamaño de la problemática que se vive. Y se puede alegar que hay multas o que las penas mayores no corresponden al INE sino al tribunal. Pero ello no soluciona el problema, sólo lo acelera.
Si el INE quisiera ser la autoridad electoral que el país buscaba, hubiera dado los pasos necesarios para que todos los contendientes se pusieran en orden. Pero el INE ha sido lento, torpe, tramposo y descuidado en su accionar. Y sus mensajes, cuando los hay, son realmente nefastos.
Así, sin importar realmente los nombres, se sabe que hay un grupo, mayoritario dentro del INE, que responde a los intereses del PRI y del gobierno. Y sus fallos en favor del Verde son una muestra de que ello es real. Y nadie en el nuevo órgano electoral fue capaz de entender el daño que todo ello significa para los procesos democráticos en México.
Atrapado en sus compromisos para con el Verde y el gobierno, todo el resto del accionar del INE fue cuestionado en automático. Y las distancias que guarda con el TRIFE simplemente fueron el complemento.
El Tribunal tiró fallos del INE, para favorecer al Verde. Aceptó las sanciones a Marcelo Ebrard, sólo para satisfacer al Verde y cumplir los caprichos del PRI y del gobierno. Y se dice que anulará de nueva cuenta, las multas al Verde y retirará la candidatura suplente de Ebrard.
Con todo ello, desde ahora es sencillo adivinar que lo verdadera claro al término de la votación, será el desprestigio de la autoridad electoral. Nadie creerá una palabra de lo que digan. Por el contrario, el daño podría ser tan serio, que no sería imposible que, de nueva cuenta, el país se viera involucrado en una nueva cruzada en favor de la democracia, con todas las propuestas para ver si, ahora sí, somos capaces de alcanzar una legislación electoral confiable.
Por el momento, a tres semanas de las elecciones, los daños asoman en el horizonte. Y contra todo lo que pudiera haberse pensado hace apenas unos meses, la primera víctima es curiosamente, la autoridad electoral.
El INE y Lorenzo Córdova pierden día con día, respetabilidad. No son la autoridad que se esperaba. No tienen control sobre las cosas y toman decisiones que sólo provocan sospechas.
No aceptaron venir observadores de la ONU. Y no lo hicieron debido a que en el INE no se entendió el proceso que tendrían que cumplir.
No lograron ni el INE ni el Tribunal, detener las repetidas violaciones a la ley por parte del Partido Verde y no fueron capaces de colocar a las televisoras en el juicio a las irregularidades en el proceso, a pesar de todas las evidencias existentes.
Y a cambio, han garantizado que, gane quien gane, pierdan los ciudadanos. La próxima Legislatura tendrá, al momento en el que el primer diputado verde proteste, un elevado grado de ilegitimidad, con todo lo que ello signifique.
Lorenzo Córdova y el grupo de consejeros que le acompaña, han perdido la gran batalla. Y pase lo que pase, serán una autoridad sin autoridad. Y lo que es más serio, también podrían alcanzar al desprecio de los votantes.


