norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Lorenzo Córdova ha sido víctima de su soberbia. Y como ya es costumbre en estos tiempos, la estrategia para salir del problema es, sencillamente, evadir la responsabilidad de fondo. Se pide una disculpa, y se autoconvierte en víctima. Es más, confunde al INE con su persona. O mejor, aún, decide que su persona es lo importante en el Instituto que encabeza.

Como se sabe, el señor Córdova fue atrapado por sus dichos. Es cierto, vía una grabación ilegal de una conversación, situación que en este país es ya, una costumbre que por lo visto, a nadie molesta como no sea a las víctimas.

En la grabación presentada, Lorenzo Córdova comenta con Edmundo Jacobo Molina, secretario ejecutivo del INE, sus impresiones en torno a una reunión con campesinos. Y se burla, sangrientamente, de su interlocutor.

La soberbia en todo su esplendor, por más que los grados académicos y la experiencia como servidor público no parecen servir de mucho al momento de la conversación. El señor Córdova no parece ser muy hábil en el uso del lenguaje. Y sí en cambio, en la utilización de maldiciones de todo tipo.

Pero lo importante no es el lenguaje utilizado. Sino el pensamiento puesto en claro. Su trabajo le obliga a sacrificarse en reuniones con personal que ni siquiera pueden expresarse adecuadamente.

Y a la hora de entender que ha sido expuesto, utiliza el ejemplo ya puesto en marcha por varios personajes durante la presente administración.

El señor Córdova se disculpa. Acepta que sus dichos fueron desafortunados y poco respetuosos, por lo que presentó “una disculpa franca y sin rodeos”.

Esto por supuesto, resultaba ya insuficiente. Los dichos externados en “privado” difícilmente podrían ser resueltos con una disculpa.

Pero la soberbia de nueva cuenta entró en juego. Y Córdova señaló que el objetivo de la grabación fue el de dañar al INE. Esto es, él es el INE. Y no hay nada más.

Y es aquí en donde las cosas se clarifican totalmente.

El señor Córdova, el mismo que ha sido abiertamente incapaz de proteger a los votantes de la burla constante del PVM, quiere que se crea que lo que dice en privado es algo que no amerita ser tomado en cuenta. Especialmente, si se hace un repaso de su trayectoria académica y como servidor público.

El error es claro. Todo mundo sabe que los dichos en privado, o en una platica con personas de confianza, son más representativas que los discursos públicos, del tipo que sean.

Lorenzo Córdova puede presentar todas las demandas que se quieran. Puede alegar todo lo que mejor convenga a sus intereses. Pero difícilmente logrará que se crea que sus burlas fueron algo lejano a su forma de pensar.

No tiene el menor de los respetos por los indígenas, por más aspavientos que realice para “acreditar” lo contrario. Los indígenas simplemente no están a su nivel. Los tolera por obligación, pero no por convicción.

Y ese no puede ser el INE. Es incuestionablemente, el señor Lorenzo Córdova, pero nada más. Las críticas a su actuación no pueden confundirse con el órgano electoral que preside. A lo más, pueden extenderse a la gestión que encabeza. Pero el INE tiene que estar muy por encima de sus integrantes. Por mucha trayectoria académica que puedan tener.

El señor Córdova puede lograr que se sepa quien o quienes lo grabaron. Puede alcanzar la victoria en ese terreno. Pero la derrota sufrida en el terreno moral y político es simplemente, total. Carece ya, de las condiciones necesarias para la labor que realiza.

Y puede que ese haya sido el objetivo. Pero sus grabaciones demuestran que quienes las realizaron, sabían que todo radicaba en tener paciencia.

Conocían la soberbia del señor Córdova. Y todo lo que hicieron fue esperar lo suficiente. Los demás es ya, la comidilla del día. Y no habrá disculpas suficientes para remediar el daño sufrido. Daño que por cierto, no hicieron las grabaciones, sino las conversaciones del señor Lorenzo Córdova.