miguel angel rochaExquisitez y soberbia de Lorenzo
Miguel A. Rocha Valencia
No sabemos si finalmente lo buscó, pero eso ofreció Lorenzo Córdova Vianello a su padre, el doctor en ciencias políticas y derecho, Arnaldo Córdova el 8 de enero de 2013, cuando acompañó Martí Batres a iniciar los trámites de registro de Morena como movimiento político, en lo que aún se llamaba IFE.
Ahí, con Lorenzo como Consejero se descalificó al Instituto como árbitro electoral confiable. Fueron los de Morena porque debían ir, porque sólo así conseguirían el registro que hoy tienen como partido.
Arnaldo, el hombre que “interpretó y recontó la historia mexicana dejó en su legado  escritos como “La Revolución en Crisis”, además de 55 obras literarias colectivas, y casi 900 ensayos, donde interpreta los movimientos políticos y la historia del país, donde el actor fundamental, fue el pueblo, los indígenas, los rancheros, los campesinos.
Falleció Arnaldo sin conocer la acreditación de Morena como partido, pero seguramente conocía las debilidades de su vástago del que se mantuvo alejado ¿o al revés?
Existía un distanciamiento visible, conocido entre padre e hijo, tal vez derivado del convencimiento de Arnaldo Córdova, de que las instituciones “democráticas” no cumplían su cometido y eran botín de las fuerzas política preminentes.
Desde su izquierda razonada y convencida, Arnaldo Córdova descalificaba al IFE y con él, la legitimidad de Lorenzo, su hijo. Cuánta razón le asistía.
Ahora, Lorenzo ya mostró todo el cobre que le veía su padre y que desde este espacio pregonábamos; “figurín para la tele”, soberbio sin merecer siquiera el piso o el asiento que tocaron, el actual consejero presidente del INE fue evidenciado en su imagen, desnudado tal cual es y con ello, lo peor, en manos de quién está el árbitro electoral.
Más allá de su lenguaje que muestra cortedad e inmadurez de “chavo trasnochado” y de criollo repudiado por su misma casta, está su incapacidad profesional y mental para estar donde está.
Lorenzo muestra en su augusta soberbia que su nombramiento tiene mucho que ver con la negociación política que lo hizo convenientemente aceptable a los ojos de todos quienes inciden en la selección y reparto de los consejeros electorales.
De izquierda no es aunque la estirpe fue la llave para que en su bisoñez académica se le abrieran las puertas a pesar de existir personalidades con mayores entorchados académicos y experiencia para asumir el compromiso.
Existen ahí en el INE, personajes que pudieron llenar un hueco que permanece vacío desde José Woldenberg Karakovsky y que llevó a la ignominia de la descalificación y desconfianza Luis Carlos Ugalde.
Ya se vio de qué “pie cojea” Córdova Vianello; se sabe cómo se expresa de la “prole”, de “los jodidos” de quienes no son sus iguales pues él, no se olvide, se siente europeo, de la alta, de la derecha más recalcitrante.
Sus manifestaciones discriminatorias le impedirían ser el árbitro electoral en un país donde el 60 por ciento de quienes irán a la urna tienen origen autóctono aunque muchos “destilados” en las ciudades y escuelas.
Y eso, no se va a borrar de su mente, de su hacer diario, de su ideología con ir al siquiatra u ofrecer disculpas. El es así, por eso su papá, como se supo aquél 8 de enero de 2013, no lo juntaba aunque como hijo, lo aceptaba.
Pero en el fondo, explica por qué la falta de autoridad del INE, el reto de partidos como el Verde a sus decisiones e instrucciones y por qué, el Tribunal Electoral, echa a bajo sus sanciones.