El problema ya no es determinar si existen irregularidades de todo tipo en los contratos con OHL. El problema es saber hasta dónde alcanzará el escándalo desatado por las grabaciones de directivos de la empresa que dejan ver que este caso es mucho más grande de lo que se suponía.
Hasta el momento se sabe de dos grabaciones. Se tiene claro en base a ellas, que José Andrés de Oteyza, cabeza en México de la empresa, sabía lo que sucedía y participaba en las ilegalidades. Que las autoridades del Estado de México disfrutaban alegremente de los beneficios de las componendas. Y que las obras entregadas a OHL tenía como fin, un negocio de larga duración y enormes ganancias.
Sin embargo, al observar la forma en que lo mismo a nivel federal que a nivel local, se ha intentado contener el problema, lo que aparece es la real dimensión del escándalo. Después de todo, OHL tiene grandes contratos en Puebla y el Distrito Federal, además del Estado de México. Y los montos de esos contratos van más allá de los 80 mil millones de pesos.
Detonado el tema de la corrupción, se habla de auditorías y se ha cesado a un director en la empresa y al Secretario de Comunicaciones en el Estado de México. Pero ello no ha detenido la caída.
La aparición de la segunda grabación en la que se habla de magistrados a los que hay que entregar dinero, y se menciona directamente a Oteyza para que haga lo que se tiene que hacer, lo que salta al escenario es la magnitud del entramado de intereses.
En el EDOMEX hay problemas con el Viaducto Bicentenario y con el Circuito Exterior Mexiquense. Pero puesto en perspectiva, el caso llega mucho más allá. No es el tamaño de las obras. Ni siquiera es el costo de las mismas. Es el ingreso que con ellas se logra al tener a una autoridad que aprueba los constantes aumentos en el costo para los usuarios. Ganancias por todos lados.
Así, si en verdad se quiere llegar al fondo del problema, se tiene que impulsar una investigación que arranque en el momento mismo de las licitaciones, en el caso, o en el de las invitaciones, cuando se dieran y en el de las adjudicaciones directas.
Es ahí en donde se encontrará la línea para llegar realmente al nacimiento de las irregularidades.
Es obvio que los discursos de los directivos de OHL y las quejas sobre el daño que se le quiere hacer a la empresa, no pasan de ser parte de las medidas con las que se quiere contener el creciente escándalo. Y las amenazas de demandas o aquello de que se tiene idea de quienes pueden ser los culpables de las grabaciones y su manipulación, son el intento por desviar la atención del tema de fondo.
Al momento en que se inicien las investigaciones, si las hay, y se parta del momento mismo en que OHL hace su aparición, se tendrá con toda claridad, el horizonte sobre el cual se trabajó.
Y en esas investigaciones, tendrá que ponerse especial atención a la participación de las autoridades respectivas, para encontrar las razones por las cuales no asumieron las responsabilidades que tenían encomendadas.
El secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, quien se desempeñó en el mismo cargo en el Estado de México en la administración del entonces gobernador Enrique Peña Nieto, dijo que había que ver “quiénes habían metido el gol”, en alusión a una de las grabaciones en las que los funcionarios de OHL hablan de haber “metido un gol” con los aumentos en las obras. Pero lo que el titular de Comunicaciones parece no entender es que el gol se lo metieron a las autoridades. Y que hay quienes hay que investigar, antes que nada, es precisamente a quienes tenían la responsabilidad oficial de evitar esas “anotaciones”.
El caso OHL llegó ya a un nivel más que serio. Ante un gobierno que pierde credibilidad de manera acelerada y que ante los conflictos de interés ha decidido evadir el problema con la utilización del tiempo como aliado, el estallido de un evento como el de la empresa española se convierte en una bomba de tiempo.
Bomba que podría estallar al momento en que aparezca una nueva grabación.


