Miguel A. Rocha Valencia
Lo que se diga en torno a la Coordinadora del Magisterio o mejor dicho la sección 22 del SNTE, sale sobrando porque al fin y al cabo si desafían a la autoridad y violan la ley es porque los gobiernos lo permiten.
Estos, los gobiernos, dirán que actúan con prudencia para no entregar mártires a los dizque trabajadores (vividores) de la educación de Oaxaca que han hecho de la actividad un negocio particular donde la única ley valedera es la de sus integrantes.
Y bajo esa falsa premisa de no victimizar a los rijosos, se crean las ínsulas de un poder real que a ojos vistas pone de rodillas a las instituciones, donde el menos responsable sería el titular de la SEP, Emilio Chuayffet Chemor, secretario de Educación cuya autoridad es socavada desde el mismo gobierno federal, desde la secretaría de Gobernación.
De plano los vividores-delincuentes de la sección 22, brincaron al titular de la SEP quien por cierto no cuenta con las instituciones que a través de la fuerza o corte de recursos, podrían llegar en su auxilio para hacer efectiva una reforma que de plano los de la CNTE tiraron no sólo en su aplicación, sino a la basura.
Porque Chuayffet con todo y sus deficiencias administrativas o sus bravuconadas sólo tiene la acción administrativa para cumplir, pero hasta esa se la hicieron nugatoria desde Gobernación donde, brincándose a la autoridad educativa, tomaron un diálogo que no le correspondía de manera directa sino en todo caso de apoyo al titular de la SEP en sus decisiones, mismas en que no lo respaldaron y por el contrario, hicieron a un lado.
Fue en gobernación donde decidieron que en Oaxaca y en cualquier lugar donde mande la CNTE, no habrá evaluación a los maestros, no se les aplicarán sanciones ni se les dejará de pagar. Es ahí en Bucareli y Atenas donde se decidió también darles beligerancia y ahí mismo se determinó perdonarles todas sus culpas, donde no se ordena perseguir y castigar a quienes desafían al Estado, que hieren, destruyen, queman y violan.
Piden la renuncia de Chuayffet, que se vaya pero no por ser culpable sino por no ofrecerle el apoyo incluso de fuerza pública para hacer cumplir lo que es ley.
Pero que no lo culpen de los desmanes de la CNTE que quema, invade y destruye instalaciones educativas, electorales con toda impunidad, sin que se alce una autoridad para decirles alto.
La verdad es que dan pena esas autoridades que lucharon, dialogaron y consiguieron reformas inalcanzables en otros tiempos y que hoy, de plano no se pueden implementar por debilidad, indecisión o incapacidad.
De qué sirvió todo lo dicho, los aplausos de unos y otros si en México impera la ley del desorden. Así no hay avance posible, sobre todo cuando una turba de rufianes se alza contra las instituciones para hacerlas nugatorias, ofenderlas, destruirlas por culpa de gobiernos incapaces. blandengues y complacientes que de no irse tendrían que ser imputados con las responsabilidades de la misma ley que juraron cumplir y hacer cumplir.
Si de irse se trata, que se vayan todos los implicados, especialmente aquéllos que permiten transigir con la ley para no meterse en problemas, para no salirse de su franja de confort dejando en este caso a la educación en el peor estadio y condenando a generaciones de escolapios a la pobreza, esa en la cual se debaten y no hay un valiente que asuma el compromiso responsable de redimirlos.


