Expertos, FMI, OCDE y el Banco de México repitieron la dosis. El crecimiento del país en el presente año será más bien bajo. Y la idea del 4% está totalmente olvidada. Hoy lo que se quiere es por lo menos, quedar por arriba del 2%. Algo que muchos consideran una vana esperanza. El panorama económico no es alentador.
En una jornada que coloca al gobierno federal contra la pared, todos los que pueden hacerlo, dejaron ver su pesimismo. Algunos con el intento por disimular la situación. Otros con toda la crudeza del caso. El horizonte económico para México no es lo que se planeó. Y las promesas es mejor olvidarlas.
El problema es que ocultó en todos los nuevos pronósticos, ahora se habla ya de una baja en la proyección para el 2017. Hasta el inicio de la semana, se tenía claro que habría una baja en el PIB calculado para el año próximo. Y que ello nos llevaría a un recorte en el presupuesto. Ahora, se añade el 2017. Y en pocas palabras, se nos avisa que todo el crecimiento que se prometió para el sexenio, habrá que cambiarlo por el arribo de la realidad.
La situación si embargo no es nueva. Se sabía desde que al finalizar marzo, los expertos presentaron los resultados económicos del primer trimestre para los Estados Unidos. El balance inicial mostraba un crecimiento de apenas el .2%. Pero al realizarse el conteo a fondo, lo que se encontró fue una contracción del 0.7%, lo que simplemente mostraba a las claras que el presente sería un mal año para México.
Después, quedó a la vista que la FED quería recuperar el terreno perdido. Y para ello se olvidó de mejorar la posición del dólar en el intento por dar impulso a la economía. Y dejó a México a un lado de toda proyección.
Así las cosas, la economía oficialmente, tendrá un crecimiento mediocre a lo largo del sexenio. Y es ahí en donde habrá que ubicar el señalamiento de Estados Unidos en torno al impacto de la
violencia en todo lo que es inversiones.
La parte importante sin embargo tiene que ver con el hecho de que todas las proyecciones indican que la economía no crecerá.
Y el nerviosismo en el sector financiero tiene que ligarse también, con los problemas políticos.
Por ello, habrá que pensar que parte de las razones del gobierno para detener la reforma educativa para dar gusto a la CENTE y a la CETEG tiene que ver con los riesgos económicos.
Es por demás sencillo entender que una ola de violencia en el país a la hora de las elecciones tendría impactos directos en diferentes campos.
Y uno de ellos sería el financiera. Y una caída abrupta en inversiones y una salida de capitales inesperada provocaría bajas en todos los indicadores. Y quebraría seriamente, todo el esquema oficial para hacer frente a la crisis.
Así, la debilidad del gobierno tendría que ver con la fragilidad del momento financiero. Y por ello se decidió pagar el costo político del ridículo ante la ciudadanía a causa del abandono de la reforma más importante, antes que dar paso al riesgo de una crisis financiera.
La razón no parece descabellada. Y menos si se considera que el costo político para el gobierno de Enrique Peña Nieto ha sido más que elevado.
Al momento en el que el gobierno decidió violentar la ley y traicionarse a sí mismo al detener la evaluación magisterial, debe entender que el riesgo del otro lado tendría que ser muy grande.
Y pocas cosas tan importantes para el gobierno en cualquier momento, como el evitar una crisis financiera.
El aviso de la baja en las proyecciones económicos para este año y los dos siguientes, es sí, una mala noticia, muy mala noticia, pero también una posible explicación de qué es lo que ha sucedido.
Y claro está, avisa que la debilidad del gobierno es muy real. Con todo lo que ello significa.


