¿Reformas dan impunidad a delincuentes?
Miguel A. Rocha Valencia
¿Dónde está la autoridad? Vivimos a merced de una bola de rufianes que sólo en México pueden hacer lo que les venga en gana, incluso anunciar que van a delinquir y a pesar de ello, no existe quien evite la comisión de delitos que pasan por toda la gama y los fueros, incluso pueden llegar al homicidio.
Se trata de una ínsula de impunidad más que no se sujeta a ninguna ley ni acepta autoridad. Se trata de sujetos dispuestos a “rifarse” de tú a tu contra la policía o las fuerzas armadas y envalentonados, enfrentar a la sociedad inerme que trabaja o ve sojuzgados sus derechos humanos y constitucionales porque nadie se atreve a evitar primero, los crímenes anunciados y castigar después la comisión de conductas constitutivas de delito.
Frente a la Ceteg y la CNTE no hay ley que valga. Ellos son los chichos, nadie más recibe en México la cantidad de canonjías que esos sujetos que armados con todo a su alcance invaden, obstruyen, destruyen, incendian, golpean, violan, roban y como si eso fuera su trabajo, el gobierno en vez de castigarlos ¡Les paga! A lo mejor eso es parte de las reformas educativa y penal.
Llámanse a sí mismas “coordinadoras” magisteriales o de la educación con influencia directa en los estados de Guerrero y Oaxaca con influencia en Chiapas y Michoacán, preferentemente. Justo los estados con mayores convulsiones sociales, que marcan los primeros lugares en desocupación, atraso, pobreza y marginalidad.
Eso es lo peor. No sólo cometen delitos tipificados por los códigos penales, civiles o mercantiles federales o locales, sino que además otros de lesa humanidad ya que con sus acciones impiden el desarrollo de sus comunidades; con el abandono de los escolapios hasta por nueve meses, propician su marginación, condenan a generaciones enteras a la pobreza.
Es decir no sólo impiden las actividades mercantiles donde actúan impunemente y hasta protegidos de facto o complicidad por autoridades locales, incluyendo el DF sino que además causan daño miles de mexicanos de paz que necesitan trabajar porque de otra forma no les pagan.
Afectan a mexicanos que no son unos zánganos como los de la Ceteg o la CNTE que reciben pago sólo por delinquir, por no trabajar, por negarse a ser evaluados para saber si tienen la capacidad para desempeñar sus actividades. Y todavía les dan vacaciones pagadas, préstamos y se pueden jubilar en plena edad productiva.
Nos amenazan, paralizan las actividades económicas, propician el cierre de negocios y los consecuentes despidos de gente necesitada, causan pérdidas millonarias y a pesar de ello, policías y militares los cuidan y protegen para que no les pase nada.
Son capaces de replegar al Ejército, de humillar a nuestros militares, ofenderlos y agredirlos, y como si todo eso fuera una gracia o un trabajo ¡les pagan!
La verdad la sociedad se siente indefensa, desamparada por una autoridad que no cumple con su responsabilidad de garantizar el libre tránsito o actividades lícitas.
Pero, se siente ofendida porque pareciera que esa autoridad omisa y cómplice pagara para propiciar los disturbios por parte de sujetos a los que protege, les abre paso, cierra el tránsito de avenidas, desvía a los ciudadanos de provecho para facilitarles sus recorridos en vez de detenerlos, coparlos y castigar sus desmanes incluyendo la destrucción de papelerías oficiales, la toma de instalaciones públicas, la obstrucción y toma de vías y medios de comunicación, agresiones, lesiones, pero sobre todo, el daño que se hace a generaciones de niños y adolescentes que hoy, están condenados a la impreparación, a la miseria.
Yo Campesino

