norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Dentro de la ola de efectos políticos causados por el resultado de la elección del domingo pasado, el caso del Distrito Federal es uno de los que más ha llamado la atención, ya por el fracaso de la mancuerna Mancera-PRD, ya por el crecimiento de Morena.

En primer lugar, es más que evidente que Miguel Angel Mancera paga las facturas de su incapacidad política. Paga el no haber entendido que los usuarios del Metro entendieron a la perfección que se les había engañado, o que todos aquellos ciudadanos que tenían trámites que realizar en las oficinas del gobierno capapitalino, se convertían en víctimas de la burocracia y la corrupción.

Mancera fue indiferente a las quejas por la explosión inmobiliaria registrada en la ciudad, con grandes beneficios para los delegados y sus grupos. No atendió las quejas sobre la inseguridad, ni quiso recomponer sus alianzas. Aceptó utilizar la rudeza contra los rivales políticos y se olvidó por completo de sus compromisos con la sociedad.

Ahora, con el bono obtenido en la elección del 2012 totalmente agotado, Mancera pensó que la estructura perredista la permitiría mantener el control político del DF. Sin embargo, ha perdido la mayor parte de las Delegaciones y en la Asamblea, lo que es más serio, no tendrá el apoyo político para los cambios que pudiera desear.

Así las cosas, el mensaje enviado por Ricardo Monreal, la punta de lanza en el triunfo de Morena, en el sentido de los acuerdos, resulta importante. No es necesario un análisis profundo en esta situación para entender que, se reconozca o no, tanto Morena como Mancera requieren de una tregua en la que ambas partes encuentren el tiempo para construir sus posiciones antes de que la batalla por el 2018 inicie.

Mancera requiere de la tregua para reconstruir su equipo, en el supuesto de que ello sea posible. Y no tiene mucho tiempo. La batalla por el presupuesto para el DF y su distribución arrancará

apenas se inicien los trabajos de la nueva Asamblea. Y según se ven las cosas, el control político lo tendrá Morena, por más que el perredismo pueda alcanzar alianzas con panistas o priístas. Pero el peso político correrá a cargo de los morenos.

Por su parte, Morena necesita darse un respiro para analizar las cosas más allá de los votos. Necesita entender la dinámica en la que se encuentra involucrado. Requiere de planear su próximo embate que no es otro que el nuevo asalto por la Presidencia de la República. Y necesita construir las alianzas que le permitan contar con la plataforma necesaria para alcanzar el control total en el DF.

Mancera sabe, tanto como Mancera, que a partir de lo sucedido el domingo pasado, la bandera de la unidad en la izquierda se encuentra en manos de AMLO y sus seguidores. Ambas partes saben que es Morena la que podrá dictar juicios políticos sobre muchas cosas. Mancera sabe que tendrá que negociar.

Ambos grupos saben que Mancera tendrá que tomar por fin, una decisión política clara. Es o no, parte del PRD. Si decide mantenerse dentro de la línea de la “candidatura social”, ahora “independiente”, es mucho lo que tiene que hacer. Y si se decide por la línea partidista, el trabajo será simplemente mayor y más complejo.

Así, la batalla en el Distrito Federal no ha terminado. Es más, apenas ha iniciado.

Pero es obvio que las aspiraciones de Mancera y de AMLO para el 2018 cobraron sus primeras víctimas.

Y después de la primera batalla, las partes se retirarán a tomar tiempo, a buscar refuerzos, a recomponer sus grupos y a buscar las líneas sobre las que cada uno de ellos habrá de caminar.

Con la claridad de que la ventaja que tenía Mancera se ha convertido en derrota, que el PRD con los “chuchos” al frente sólo aporta desprestigio y de que Morena, se quiera o no, tiene por el momento, la iniciativa y puede marcar muchas de las condiciones de la lucha que dentro de algunos meses, habrá de recrudecerse.