norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Con la resaca electoral a cuestas y sin capacidad para entender lo que les sucedió, por más que quieran presumir triunfos que no tienen, en el PRI se han lanzado a la cruzada política que debe terminar con la explicación sobre sus grandes fracasos del domingo pasado.

Los priístas quieren saber cómo es que pudieron enterrar triunfos que, de salida, parecían tener en la mano. O cómo fue que la mayoría priísta en la Cámara de Diputados se tendrá que convertir en una mayoría a base de componendas con instituciones cargadas de desprestigio como el PVM o PANAL.

En el PRI buscan culpables y explicaciones, cuando para todo mundo es claro que la respuesta a sus interrogantes se encuentra mucho más cerca de lo que se quiere reconocer,

De esta manera, no se requiere de talentos especiales, para entender que César Camacho es cualquier cosa, menos un dirigente partidista real. Es un político obediente al líder del momento, pero incapaz de asumir decisiones y riesgos, por más que dedicarse a la obediencia absoluta es en sí mismo, un riego,

Del mismo modo, en el PRI sólo tienen que ver su comportamiento ante las muchas dudas generadas primero por el Pacto por México y después por las reformas estructurales, para comprender de dónde llegó el deseo de abstenerse en la elección, y enseguida el creciente rechazo vía los independientes.

Del mismo modo, los priístas podrían atender a su descaro en relación con el tema de la Casa Blanca y las otras propiedades de funcionarios del gobierno que entraron en el terreno del conflicto de interés y de lo cual poco o nada se ha dicho.

Pero tal vez la soberbia pueda ser uno de los factores sobre el que el priapismo podría trabajar para ver mejor la magnitud de su tropiezo.

Nunca entendieron lo que sucedía. Despreciaron a la sociedad. Minimizaron a sus rivales o los coptaron. Alentaron la violación de la ley por parte del PVM y lucharon entre sí por las candidaturas, no para encontrar a los abanderados más adecuados, sino para conquistar posiciones en favor de sus intereses.

Y en este último punto, si en verdad se quiere saber qué pasó, se podrían encontrar pistas sobre el mensaje ciudadano a los priístas.

En el Senado, sin resultados positivos en el trabajo, pero con el apoyo firme y decidido de Miguel Angel Osorio Chong, secretario de Gobernación, Emilio Gamboa se dedicó, como lo ha hecho a lo largo del sexenio y de su vida política, a luchar por consolidar sus ambiciones.

Y ahora, no modificó un ápice las cosas.

Trabajó con todos los recursos a su alcance, para imponer candidatos. Quería cuatro candidaturas. Logró tres. Perdió en Sonora, pero ganó en Baca California Sur, Michoacán y Nuevo León.

A la hora de la votación, el PRI perdió las tres gubernaturas en las que Gamboa impuso candidato. Y ganó aquella en la que Gamboa trabajó en contra. El mensaje no parece muy difícil de entender.

Pero eso no es todo.

Sin que se haya disipado del todo el ruido de las elecciones, Gamboa aparece ahora como factor de claridad en las elecciones. Pero lo hace más como líder de partido que como senador de la República. Y con ello deja ver, otra vez, que la ambición es la que coordina sus acciones.

Su grupo, o el grupo al que pertenece, quiere el control del PRI. No lo quiere para remediar los problemas existentes, lo quiere para consolidar plataformas con miras al 2018. Y así, habla de la nueva integración de la Cámara de Diputados o de las acciones por venir en el terreno de los acuerdos. Y el panorama queda claro: en el PRI no se quiere entender lo sucedido en las urnas.

Emilio Gamboa ha tenido éxito siempre a base de la comodidad de sumarse a las victorias y sacar provecho personal de las derrotas de sus compañeros.

Ahora, olvida que parte de las derrotas del PRI, tiene mucho que explicar. Y además, que, se quiera a o no, en el caso de Querétaro tal vez no sea tan poca su participación en la derrota priísta.

Si el PRI quiere entender lo sucedido y conocer las razones de sus fracasos, tal vez no tenga que batallar mucho. Con observar a sus “aliados” podría tener claras muchas cosas. Y además, sabría que es lo que le espera para el futuro inmediato.