Algo en el interior del mundo financiero parece no estar del todo bien amarrado. Y los mensajes podrían crear nerviosismo en un sector empresarial que, entre muchas otras cosas, se siente poco atendido.
Lo anterior viene a cuento por las declaraciones del propio presidente de la República, quien desde Bruselas, habló de la evaluación que se realiza para decir si se propone a Agustín Carstens para un nuevo período al frente del Banco de México.
Si se pone atención a las palabras presidenciales, se verá que el mandatario prefirió quedarse en el terreno de la indefinición. Habló de lo notable que resulta el trabajo del actual Gobernador del Banco de México. Pero al señalar que evaluará las cosas antes de tomar una determinación, deja abierta la puerta a la especulación.
Y el resultado puede ser todo lo que la imaginación mande.
Se puede pensar, por ejemplo, que el presidente tiene la seguridad de que Carstens marchará a un puesto importante dentro de la estructura mundial que rige la economía. Y lo que hace es abrir el tema para que todos los sectores que pueden opinar en este nivel, presenten sus puntos de vista para la decisión final que se tomará en la parte final del año.
Del mismo modo, puede pensarse que el presidente no tiene claro si lo anterior habrá de suceder. Y de cualquier manera busca tener respuestas adecuadas. Si hay invitación, quién podría ser el sustituto de un notable. Y si no la hay, mantener al hombre que hasta el momento, ha logrado cosas interesantes en el Banco de México.
El riesgo con la postura presidencial es que, a querer o no, puede haber molestias, temores y nerviosismo ante un eventual movimiento en la cúpula del banco central.
Carstens ha sido, desde que llegó al cargo en el 2009, una verdadera piedra en el zapato para las acciones oficiales en el terreno de la economía. Llevado al cargo en el gobierno de Felipe Calderón, el
gobernador del Banco de México se convirtió en un duro contrapeso de la Secretaría de Hacienda de Luis Videgaray.
A lo largo de la actual administración, el BM ha corregido proyectos y vaticinios de Hacienda en prácticamente todos los momentos. Ha sido quien ha puesto en el papel la disminución de las proyecciones del crecimiento del PIB y se ha dedicado a sostener una política que, se sabe, poco tiene de agradable al equipo de Luis Videgaray.
El BM tiene en su haber la conquista de una inflación con niveles mínimos históricos y ha sido más que eficaz al momento de controlar las situaciones difíciles. Ha soportado con habilidad, la devaluación que, con todo y el nivel elevado que ha mostrado, no ha tenido el impacto de temor que este tipo de situaciones provoca en los mercados financieros.
Carstens tiene el respeto del banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Pero abandera una estrategia económica no seguida por Hacienda.
De esta manera, el tema puesta en la mesa de los debates por el presidente de la República se convierte en algo más que importante.
Si el BM tiene resultados importantes, un movimiento en la cúpula podría abrir ajustes que poco o nada tendrían de importancia, como no fuera en el terreno de los negativos.
Si los empresarios se encuentra molestos por la política económica seguida por el gobierno, el Banco de México se ha encargado de tranquilizar, aunque sea en parte, a los mercados.
Más aún, en el Banco de México parecen tener la seguridad de que, más tarde o más temprano, Estados Unidos moverá al alza sus tasas de interés. Ello provocaría, por fuerza, medidas de parte del banco central mexicano. Y para ello se han tomado medidas para enfrentar esa situación. Pero quedarían varias más pendientes. Y un cambio en la dirección del BM podría simplemente, imponer una visión diferente. Con consecuencias difíciles de pronosticar.
Carstens es un elemento importante en la confianza nacional e internacional, sobre la economía nacional. Un cambio simplemente alegraría a la Secretaría de Hacienda, pero podría crear reacciones de nerviosismo en muchas partes, con todo el impacto de una situación así.
Por ello, anunciar que se evalúa lo que todo mundo sabe es positivo, podría haber significado un mensaje poco entendible. O incluso, negativo. Después de todo, evaluar lo notable no es la mejor receta para tranquilizar a nadie.


