El limbo de Mancera
Francisco Garfias
Muy lejos está Miguel Ángel Mancera de los niveles de popularidad que lo llevaron a arrasar en la elección para jefe de Gobierno del Distrito Federal en julio de 2012. Se llevó, entonces, 63% de los votos.
Pero a la hora misma de su destape hacia 2018, 54% de los chilangos desaprobaba su gestión, según la última encuesta del periódico Reforma, levantada este mes de junio.
La ciudadanía lo califica apenas con un 5.1.
En el PRD, partido que lo postuló, no son pocos los que lo ven demasiado cerca del presidente Peña y muy lejos de los postulados de la izquierda.
El jefe de Gobierno ha repetido, una y otra vez, que no es militante del partido que lo postuló para llegar al Antiguo Palacio del Ayuntamiento. No se le ven trazas de que se vaya a afiliar.
Carlos Navarrete, mero mero del PRD, saludó el autodestape de Mancera. Pero hay perredistas que, muy en corto, nos dicen que al jefe de Gobierno “no se le ven ganas” de participar en serio.
El doctor Mancera tiene un panorama complicado en la segunda parte de su sexenio. Los morenos se le colaron en serio al PRD y le arrebataron el bastión capitalino. Son la primera minoría en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y van a gobernar cinco delegaciones. Tiene que negociar con El Peje y los suyos.
En otras palabras, está obligado a correrse a la izquierda.
- Héctor Serrano, secretario de Gobierno del GDF, ha hablado con senadores del PRD para quejarse de Miguel Barbosa, coordinador del grupo parlamentario del PRD en la Cámara alta, quien pidió la salida de: Rosa Icela Rodríguez, titular de Desarrollo Social, y la de Joel Ortega, director del STC Metro.
El senador y aspirante al gobierno de Puebla sugirió esos cambios en el “rediseño” que, según él, requiere el gobierno del Distrito Federal para un mejor funcionamiento.
Serrano, además, declaró públicamente que la única obligación que tiene es responder a su jefe de Gobierno, nada más.
“No tengo que responder ni satisfacer los ánimos de nadie, me voy a conducir de manera vertical en ello”, subrayó.
- Una noticia que hizo ruido ayer en Estados Unidos fue la invitación que el xenófobo Donald Trump, obsesionado contra los mexicanos, le hizo a la famosísima conductora negra de televisión Oprah Winfrey.
La quiere como candidata a la vicepresidencia en el boleto republicano hacia la Casa Blanca en 2016.
“Juntos no habrá quien nos pare; creo que ganaríamos fácilmente”, declaró el prejuicioso magnate.
Al cierre de esta columna, la célebre conductora no había respondido a la invitación del dueño del imperio inmobiliario y de casinos Trump Organization, valuado en cinco mil millones de dólares.
Trump se pasó por el arco del triunfo los reproches que altos funcionarios mexicanos le hicieron por las vomitivas declaraciones que hizo al arranque de su campaña.
Le dijo ayer a la agencia AP que no tiene el menor remordimiento por haber dicho que los migrantes mexicanos les roban los puestos de trabajo a los estadunidenses, son violadores, llevan el crimen a ese país. Prometió construir un muro que, además, tendría que pagar México.
Fueron declaraciones francas, sin teleprompter, que le salieron de lo más profundo de su ser, subrayó.
Buscamos a Eddie Varon Levy, personaje muy ligado al establishmentestadunidense, para tratar de encontrar una explicación del odio de Trump a México.
El otrora encargado de las relaciones exteriores de la PGR, en tiempos deRafael Macedo de la Concha, nos dijo que Trump anduvo metido en un turbio fraude con terrenos en Baja California y que, además, perdió una demanda en nuestro país.
- “Son expresiones al calor de la derrota. Nada más”, reviró el priista Héctor Astudillo, gobernador electo de Guerrero, cuando le preguntamos sobre las explosivas declaraciones que sobre él hizo Carlos Navarrete.
Y es que el presidente nacional del PRD dijo ayer que el crimen organizado financió la campaña del priista y con amenazas evitó que los candidatos del PRD hicieran campaña.
“Con Astudillo pretende gobernar el crimen organizado en Guerrero”, aseveró Navarrete, al anunciar que su partido va a impugnar los comicios en esa entidad.
Las graves acusaciones del perredista no pueden limitarse al terreno electoral. Si tiene pruebas de sus dichos está obligado a denunciar penalmente.

