La comunicación no ha sido para el gobierno de enrique Peña Nieto, una tarea cumplida. Es más, podría considerarse como uno de sus más importantes fracasos, en una lista en la que los tropiezos son muchos y constantes.
Y dentro de la totalmente reconocida incapacidad para comunicar, el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayfett, nos acaba de brindar una profunda lección de como no hablar en público y de como no abrir la puerta a las especulación.
Ante la ola de críticas no contenidas provocada por la decisión presidencial de detener “de manera indefinida” la evaluación magisterial por razones no explicadas realmente, el titular de la SEP señaló que quienes se oponen a la reforma educativa “ofenden al presidente”.
Y es aquí en donde las especulaciones inician. El Secretario de Educación Pública obliga a preguntar en contrario ¿y no la suspensión de las evaluaciones ofende a los ciudadanos? ¿A partir de qué momento es más importante el mandatario que quienes tienen el mandato?
Por más juegos malabares que el gobierno ha intentado para justificar su torpeza en la decisión y la debilidad política ante la CNTE, la realidad es que no ha logrado el objetivo de controlar los daños sufridos por una decisión que tenía a las elecciones como eje y a la ley como factor de negociación.
La SEP alega problemas técnicos, pero aceptar esa explicación sería negar la inteligencia de los mexicanos. Culpa a los gobernadores, pero es inaceptable pensar que ese fue un factor nuevo en el tema.
La realidad es que el gobierno se entrampo, violó la ley, apareció como capaz de mentir y de negociar la ley y ahora, como incapaz de reconocer su error.
Sin embargo, el problema con las declaraciones del señor Chuayfett cobra una dimensión diferente y mucho más preocupante. Aquello de que quienes se oponen “ofenden al presidente” no sólo es una temeridad, sino que resulta amenazante para todos los mexicanos, especialmente quienes no comulgan
con las ideas y acciones presidenciales.
Los maestros disidentes pueden ser, y seguramente son, responsables de todo lo que se dice que son. Han violado la ley, han entorpecido el avance, han destruido todo lo que tienen a su alcance, fundamentalmente el futuro de sus alumnos. Pero no puede pensarse que todo lo que han hecho lo hicieron solos. Contaron una y otra vez, con la complicidad del gobierno mismo que nunca aplicó la ley conforme a su obligación.
Así, no puede utilizarse el argumento de su violencia. La “ofensa” entonces se convierte en el eje de las decisiones del gobierno. No importa el largo registro de las ilegalidades de los profesores. Lo que le molesta al gobierno es que con sus actos “ofenden al presidente”.
La amenaza entonces, queda clara. Todos los que no piensen igual que el gobierno o quienes supongan que pueden lanzar una queja o crítica, lo que harán será, sin más, “ofender al presidente”.
Pero entonces, ¿que sucede con la ofensa a los mexicanos al no aplicar la ley? ¿Que pasa con quienes negocian la ley y con ello ofenden a la sociedad entera? ¿Que se hace con quienes no cumplen con sus responsabilidades y de es amanera alientan a quienes “ofenden al presidente”?
Emilio Chuayfett abrió la puerta a las especulaciones. Pero al mismo tiempo nos ha dejado en claro que en el gobierno, lo importante es la figura presidencial. Todo es negociable, menos la imagen del titular del Ejecutivo. Y quienes se oponen a sus decisiones, tengan o no razón y argumentos para ello, lo que hacen es “ofender al presidente”.
A partir de ahora, queda claro el debate. Se está o no, al lado del presidente. Y quienes no lo estén, podrán ser ubicados como actores de una “ofensa” al presidente.
Después de ello, queda poco por recorrer. El siguiente paso será tipificar como delito semejante actitud y finalmente, el aplicar las sanciones al infractor.
Una postura por demás “democrática” y mas que representativa de lo que es el sentir de los integrantes del actual gobierno federal.


