A lo largo de su administración, el presidente Enrique Peña Nieto ha encontrado grandes dificultades para establecer una comunicación realmente efectiva para con la ciudadanía. Si no está molesto y su mensaje es de regaño que, por lo demás nadie atiende, se encuentra fuera de tema y habla de situaciones que la sociedad no cree o simplemente, no tiene interés en ella. El problema ahora es que esta situación podría haber empeorado.
En un encuentro con la comunidad libanesa, el presidente de la República decidió caer en el autoelogio. Y además, hacerlo sin una base sólida para ello.
El presidente Peña Nieto se refirió a las elecciones. Y por supuesto, comentó lo sucedido con relación a la Cámara de Diputados. Y con el argumento de que alguien le comentó que “a su partido le fue muy bien” estableció que había logrado la mayoría en la nueva Cámara Baja.
Y para ir más lejos, dijo que esa mayoría se había logrado gracias a los logros de su administración. Algo que por supuesto, mucho se podría discutir.
Primero, habría que recordar que con este comentario, el presidente acaba con la idea de que la comparación del reciente proceso electoral, que aún tiene pasos por cumplir, tendría que hacerse ante otras elecciones intermedias. A partir de ahora, Peña Nieto acepta que se comparen los comicios del día 7, con el proceso que le convirtió en presidente.
Así las cosas, el PRI no sólo no ganó la mayoría, sino que incluso perdió algo más de tres millones de votos en la comparación. Esto es, el PRI no es más que la minoría mayor. Perdió un buen número de votos en tres años. Y tiene menos diputados propios de los que tuvo en estos años. Para alcanzar la mayoría, el priísmo tendrá que negociar con partidos como el Verde, el PANAL y el PES.
Después, el presidente de la República tendría que recordar que la población no voto por sus proyectos, sino por muchas otras causas. Si el voto hubiera sido por su actuación, el PRI hubiera
logrado por sí mismo, la mayoría.
Entre las muchas causas por las que buena parte de los ciudadanos votaron, se podría encontrar el muy largo listado de trapacerías cometidas por el Partido Verde.
Los verdes lograron un 7% de la votación. Los votos que darán en la Cámara son parte fundamental de la “mayoría” que quiere presumir el presidente. Y entonces resulta que el gobierno tendrá en el Congreso, votaciones favorables logradas con violaciones a la ley, mentiras a los ciudadanos, trampas contra los rivales políticos y por supuesto, promesas que no se cumplirán. Algo así como una mayoría espuria. Poco que presumir en la práctica.
Pero eso no es todo. Para nadie es un secreto que el PRI realizó su campaña alejado de la figura presidencial. Esto es, ni el partido ni ninguno de sus candidatos, buscó el cobijo de la figura del primer mandatario. La caída en la aceptación del presidente provocó que los priístas todos, realizarán sus campañas de manera directa e individual.
Así, poco puede decirse en torno a un apoyo al gobierno. Por supuesto, tiene que haber quienes así lo hayan hecho. Pero si se considera que el voto duro del PRI es el sustento de la votación lograda, poco puede presumirse el apoyo al gobierno, ya que no existe tal hecho.
El presidente puede sentirse tranquilo con respecto a los votos en la Cámara de Diputados. Sabe, como lo sabe todo el mundo, que tendrá las votaciones necesarias para, por ejemplo, aprobar con grandes debates, pero sin contratiempos reales, los recortes que se preparan para el presupuesto.
Sabe del mismo modo, que no podrá tener los votos necesarios para alguna otra reforma de gran calado. Los votos no le alcanzan para una reforma constitucional y se considera difícil que el PAN decidiera acompañar al gobierno en una aventura así, cualquiera que pudiera ser el tema.
El presidente tiene otra vez, una visión distorsionada de las cosas. El PRI no sólo no tiene la mayoría en la Cámara, sino que perdió en tres años varios millones de votos. Y si ello no se entiende, el problema es para el gobierno. El daño será para el país, pero el desgaste se iniciará justo en donde hoy se quiere festejar algo que todo mundo sabe que no sucedió. Todo mundo, menos quienes tendría que saberlo mejor que nadie.


