norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

La derrota electoral en el Distrito federal ha llevado a Miguel Angel Mancera y al PRD a reconsiderar no sólo su alianza política, sino las posibilidades reales de que esa unión pueda tener futuro.

Así, en el PRD dejan ver su apoyo a la postura de Mancera que dice aspirar a la presidencia de la República, al tiempo que le marcan límites y la necesidad de reacomodar su estructura de gobierno. Por su parte, Mancera se muestra dispuesto a ser un posible independiente como respuesta a la demanda perredista, pero no se anima a la ruptura total, pero en tanto, inicia una estrategia de recomposición de imagen, con el New’s Divine como punto de partida, pero olvido del pasado.

Mancera quiere recuperar imagen, y que al mismo tiempo, en el caso de la citada discoteca, uno de los responsables, según la CNDH, fue el hoy titular del Metro y gran aliado del jefe del gobierno capitalino, Joel Ortega.

La realidad sin embargo, es mucho más simple de lo que ambas partes quieren reconocer. Su alianza es pobre en lo político y carece del sustento social necesario como para poder impulsar una candidatura de gran envergadura.

El problema es evidente. El PRD ha sido rebasado con gran facilidad por Morena. Y Mancera parece no tener el peso necesario para salir avante de una confrontación mano a mano por la izquierda, con Andrés Manuel López Obrador.

Mientras Mancera mantiene sus muchas dudas y temores y demuestra no tener la capacidad para hacer frente de manera efectiva a los retos, el PRD quiere evadir responsabilidades, mantener los privilegios alcanzados gracias al Pacto por México y espera que sea el gobierno federal quien le quite de encima al amenazante grupo de Morena.

Ambas partes no acaban de comprender que los votos en el DF pueden no ser realmente una demostración de la fuerza de MALO y su partido. Pero sí son incuestionablemente, una demostración

de cansancio que existe en la ciudadanía con un gobierno que promete mucho y cumple muy poco.

Para ejemplificar las cosas, bastaría con el caso del Metro.

En diciembre del 2013, se elevó el precio del servicio en un 66%. Se utilizó una encuesta totalmente amañada y se lanzaron como recompensa a los usuarios, promesas que abarcaron lo mismo el fin del ambulantaje en trenes y estaciones, que la puesta en funcionamiento de más trenes y de vagones con aire acondicionado, así como nuevas unidades para la L-12, de la cual no se decía nada sobre sus problemas.

Un año después, el precio se elevó, pero el servicio es peor que nunca. Sucio, inseguro, insuficiente y como lo demuestra el accidente en la L-5, peligroso.

Para justificar sus torpezas e incapacidades, el gobierno dijo que el citado accidente había sido responsabilidad de los conductores, El sindicato respondió con una larga lista de acusaciones, buena parte de ellas sobre el dinero que no se había dedicado al mantenimiento, y sobre la intención de las autoridades de privatizar esas tareas. Se quería, dijeron, entregar todo lo que es mantenimiento, lo mismo en estaciones, trenes y equipo, a compañías privadas, en su mayoría foráneas.

El equipo de Mancera entendió que había entrado en una batalla de la que no saldría victorioso. Y hace casi tres semanas, después de una reunión privada con los líderes del sindicato, Mancera anunció que se preparaban “tres o cuatro” acciones de beneficio directo e inmediato para los usuarios del Metro. Se había firmado la paz con los trabajadores.

Pero las fallas siguieron. Ahora, hay avisos en los trenes que piden a los usuarios en caso de tener que evacuar los trenes, “seguir las instrucciones” del personal autorizado. No explican las causas de una posible evacuación. Y la respuesta de los trabajadores, es otra vez, contundente.

En los trenes hay propaganda del sindicato que avisa que las autoridades como instrumento de presión, han suspendido el pago destinado a la protección social de los empleados del Metro. La lucha se reanudó.

Y la pregunta es simple: ¿quien no puede resolver un problema laboral, una necesidad de mantenimiento y además no cumple sus promesas ni con la sociedad ni con sus trabajadores, puede realmente ser un buen candidato, independiente o no?

Mancera es un político torpe y bastante mediano. Un gobernante timorato y un líder político de papel.

Miguel Angel Mancera se lanzó con desesperación a tratar de integrarse en la lista de posibles candidatos a la presidencia de la República y lo único que logró fue aparecer como un político mediano y como una copia, mala y pobre de Margarita Zavala.