Lo único verdadermente claro sobre la comparecencia de Emilio Chuayfett ante la Comisión Permanente es el hecho de que las dudas sobre la reforma educativa permanecen y que todos, más que resolver el problema existente, lo que pretenden es que la responsabilidad no los alcance.
Bastaría con poner un poco de atención a la parte del debate dedicado a la profesora Elba Esther Gordillo, para medir totalmente la hipocresía y cobardía política de los participantes.
Por supuesto, nadie en podría negar que la señora Gordillo ejercía un cacicazgo absoluto en el SNTE. O que su poder político llego a niveles que poco tenían que ver con la educación. Pero todo mundo entiende que esa es apenas una parte del problema.
Los priístas acusaron al PAN de haber entregado el sector educativo a la profesora y de haberle permitido todo tipo de acciones, todas ellas contrarias a los intereses reales del sector.
Los panistas hablaron del proceso de formación de la maestra y de la manera en que se llevó al poder en el SNTE, posición desde la cual se convirtió en un factor político clave en todo el espectro político nacional.
Y por supuesto, ambas partes tienen razón. Pero todos los que hicieron uso de la palabra, con el señor Chuayfett incluido, olvidaron aceptar su responsabilidad en todo lo sucedido en el sector educativo.
A la maestra le entregó el poder el PRI por que ello le convenía al sistema en ese momento. Se le dio todo el respaldo para luchar contra la naciente disidencia magisterial. Y se le toleraron alianzas con políticos que, al paso del tiempo, se convertirían en altos funcionarios o en gobernadores y legisladores.
Es fácil recordar las listas de políticos priistas, esos que hoy guardan silencio sobre todo ello, que esperaban una oportunidad para buscar el respaldo de la señora Gordillo para cristalizar sus ambiciones.
En aquellos tiempos, los priístas que hoy se quieren presentar como grandes defensores de la educación. Todo lo que deseaban era recibir los favores políticos de la señora Gordillo.
Por su parte, los panistas quieren olvidar como el poder de la maestra se consolidó con Vicente Fox y con Felipe Calderón. Olvidan como varios de los hoy senadores panistas, recibieron apoyos de la señora y como doblaban la cerviz ante ella, justo mo habían hecho los priístas, para recibir sus bendiciones políticas.
Chuayfet podrá hablar de que ese no fue su caso. Y con las dudas evidentes, se puede aceptar que fue él quien chocó políticamente con la profesora. Pero lo que no puede negarse es que, como priísta, se dedicó a obedecer órdenes y que para poder mantener vigentes sus muchas ambiciones políticas, se guardó de hacer notar cualquier rechazo a la profesora.
De esta manera, el debate del martes sobre la profesora durante la comparecencia del Secretario de Educación no fue más que na muy pesona demostración de la cobardía política de todos los participantes.
Todos buscaron negar su pasado. Todos se negaron a reconocer su responsabilidad en el fracaso educativo. Todos buscaron que los rivales cargaran con el evidente resultado negativo en un sector que es fundamental en los discursos, pero sangrado en la realidad.
La señora Gordillo tiene una responsabilidad histórica en toda la problemática del sector educativo.
Pero esa responsabilidad histórica tiene que ser compartida por priístas y panistas. Por todos los que desde diferentes posiciones, buscaron halagar a la profesora para recibir su respaldo político y económico. Es una responsabilidad que comparten los que se convirtieron en gobernadores con el apoyo de la señora, todos los que llegaron a las altas esferas del poder gracias a su respaldo, todos los que en una demostración impresionante de cinismo y cobardía política, se dedicaron no sólo a negarla, sino a querer convertirla en la razón del fracaso educativo y a los rivales del momento, en los aliados que le permitieron destrozar a la educación en el país.
La realidad sin embargo, es otra. La señora Gordillo es responsable, tanto como lo son los que le llevaron al poder y quienes le permitieron consolidarlo. Todos esos que en su momento, jamás pensaron en los infantes y en el sector educativo, debido a que se encontraban muy ocupados soñando en todo lo que podrían alcanzar si lograban conquistar el favor de la maestra Gordillo.
Cinismo y cobardía como eje de un debate sobre educación. Mala señal para el futuro del país.


