César Camacho ha decidido interpretar de manera particular el resultado electoral del pasado día. Y sin rubor alguno, se auto convirtió en un vencedor, sin entender que, guste o no, es en la realidad, uno de los dirigentes políticos priístas con los resultados más pobres de los últimos procesos electorales.
El líder del PRI, con la desesperación de quien piensa que los números logados el día 7 no le garantizan convertirse en líder de la próxima vacada de su partido en la Cámara Baja, lanza discursos a diestra y siniestra, con los que quiere convertir su fracaso, en una gran victoria política.
Pero los votos no mienten. Y César Camacho tiene bien poco que presumir.
De entrada, tendría que explicar las causas por las cuales procesos como los de Querétaro o Nuevo León, se convirtieron en estrepitosas derrotas. O cómo fue posible que comicios como los de San Luis Potosí o Colima apenas salieran en favor del PRI.
Después, Camacho podría explicar las razones por las cuales el priísmo perdió casi tres millones de votos de elección a elección. Y cómo es que tener menor número de diputados para la próxima Legislatura es una victoria para su partido.
Camacho es un perdedor. Y entiende que en esas condiciones resulta complicado entregarle la coordinación de los diputados en la nueva Cámara. Puede ser. Pero la derrota habrá de pesar y mucho.
Camacho quiere resaltar las victorias en Guerrero, Sonora, Colima y San Luis Potosí y Campeche, entidad en la que no existió realmente una contienda electoral. Pero esas victorias no tienen que ver con su habilidad. Sonora fue un triunfo que Camacho no quería, y que ello daría fuerza, como sucedió, a Manlio Fabio Beltrones. En Colima, el apoyo al candidato priísta no llegó de su partido y en San Luis Potosí mucho de la victoria quedó fuera del accionar del partido tricolor.
Así, la famosa idea de que las elecciones le dieron a Camacho la imagen de vencedor es una mentira.
Y para acreditar las cosas, se podría contemplar un hecho que en el PRI se quiere dejar de lado, pero que es una incuestionable realidad. El PRI enfrenta un serio revés en el terreno municipal. Y al momento en que ello se advierten entonces queda clara la incapacidad de César Camacho como líder.
El priísmo tenía al momento de la votación, 447 de las 907 alcaldías que serían renovadas el día 7 pasado. Los números dicen que el PRI ganó sólo 371, lo que implica un retroceso en un buen número de posiciones. Pero si se observa con mayor cuidado el resultado, se notará que los priístas perdieron alcaldías más que importantes.
Guadalajara,Colima, Cuernavaca, Acapulco, La Paz, Mérida, Querétro, San Luis Potosí, León Celaya, Irapuato y varias más, quedaron fuera de su alcance. Y aquí se pueden encontrar los votos que el PRI no logró y que le condujeron a una de sus votaciones más pobres en muchos años.
César Camacho entonces, puede hablar de mayorías. Pero tiene que explicar que para lograrlas tendrá que hacer concesiones al tramposo Partido Verde y al PANAL Por sí sólo, el PRI no podría ganar una sola
votación. Depende de sus aliados. Y todo mundo sabe que el apoyo tendrá un costo. Costo que pagarán los ciudadanos.
César Camacho habla por hablar. Quiere fortalecer su posición. Y bastaría con ver los números de las elecciones para entender el tamaño de la desesperación política del líder del PRI.
Pero si no se quiere revisar el resultado de las elecciones, se podría revisar la agenda de los últimos días del señor Camacho.
El fin de semana pasado viajó por Chiapas, en donde en unas semanas más se realizarán elecciones locales. En su visita, el líder del PRI habló a los chiapanecos sobre las bondades de votar por el PRI. Dijo que “con el PRI, la prosperidad se quedará a vivir en los hogares chiapanecos”.
Un mensaje bastante pobre para un auténtico líder político. Pero el problema es mayor. El pasado día 7, en Chiapas, los votantes sufragaron por el PVM, que ganó todo lo que estaba en disputa y al que pertenece el gobernador Manuel Velasco.
Así, Camacho le dice a los chiapanecos que votaron hace unos días en contra de la prosperidad, misma que por o visto, Velasco no ha logrado. Y habrá que recordar que el gobernador fue apoyado por el PRI en coalición, gracias al respaldo del entonces candidato presidencial Enrique Peña Nieto.
Alguien tendría que convencer al señor Camacho de la necesidad de entender lo sucedido en las urnas el pasado día 7. Es posible que si lo hace, entienda que una cosa es lo que quieren que se crea, y otra muy diferente, lo que en realidad ve la sociedad, la cual difícilmente llegará a la conclusión de que César Camacho es un líder político y menos aún, uno vencedor.


