El gobierno federal ha iniciado la batalla por el presupuesto cero. Y ha puesto en juego, todo su arsenal para convencer a la sociedad no sólo de que se puede lograr la meta, sino de que se trata de algo indispensable.
El argumento del equipo de Hacienda es simple: le toca ahora al gobierno apretarse el cinturón. Y para demostrar la voluntad de ahorro, se anuncia que un 22% de los programas oficiales serán recortados para el presupuesto de año próximo.
Se muestra dice el gobierno, la voluntad de gastar mejor, de detonar el empleo y el desarrollo, así como frenar los desequilibrios.
Y como puede verse, es por demás sencillo entender que nadie podría en su sano juicio, oponerse a semejantes objetivos.
El problema sin embargo no es la meta, sino los tiempos. A dos años y medio de iniciado el gobierno, ¿qué fue lo que impidió al equipo en el poder entender la necesidad de, por ejemplo, gastar mejor?
Los objetivos son importantes. Pero resulta complicado entender cómo es que no se plantearon desde el inicio del gobierno.
El grupo que llegó a la Presidencia de la República se presentó en campaña como un equipo que sabía como hacer las cosas. Prometieron un gobierno de resultados. Y hablaron entre otros puntos como seguridad, de logros en la economía.
Después de más de dos años, el crecimiento promedio en la economía es de apenas 1.7%, números que quedan por debajo del promedio de los gobiernos panistas, que tampoco fue algo digno de elogio.
De esta manera, ¿no es necesario primero, explicar cuáles fueron las causas que llevaron al actual gobierno a mantener los programas que ahora se consideran prescindibles?
Del mismo modo al ofrecer gastar mejor en el futuro ¿no implica que se gastó mal en los dos años anteriores? Y ello ¿no amerita una explicación? El gobierno ¿puede gastar mal y no hacer la explicación obligada ante el Congreso?
Pero si el gobierno como dice el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, “tiene que apretarse el cinturón” ¿no debería primero revisar su planta laboral. Esto es, el aparato burocrático responde realmente a las necesidades del país?
Dicho de otra manera, ¿no para ahorrar dinero sería bueno primero revisar cuántos burócratas de alto nivel existen y cuántos en realidad son necesarios?
Aquí valdría la pena recordar que en el sexenio pasado se elevó de manera importante, el número de puestos de alto nivel.
Existían en aquel entonces, algo más de 100 direcciones generales de línea y se crearon 1800 adjuntas, todas con los gastos que un cargo así requiere. Esto es, equipo de todo tipo, y personal para que el área funcione.
Otro tanto pasó con las subsecretarías. Las cuales vieron aparecer cargos homologados, también con todo lo que un puesto así requiere en equipo y personal, y que sólo dieron paso a mayores costos para el erario y en algunos casos, a la duplicidad de funciones o a la creación de buena parte de los planes que ahora se quieren recortar.
Si el gobierno quiere gastar mejor, detonar el empleo y en general a cumplir los compromisos que hizo desde la campaña presidencial, debe tener a la mano algo más que discursos.
El peso aparece como débil. El dólar llegó ya a rebasar el límite de los 16 pesos y ahí habrá de quedarse por un buen rato, en lo que es el nivel mínimo registrado en más de 20 años.
Esa debilidad produce nerviosismo. Y para resolver ese reto, se requiere algo más que repetir promesas y recortar programas.
Algo no se hizo desde el principio. Y ahora, cuando en el mundo las cosas no parecen estar bien, en México se quiere demostrar que sabemos gastar bien.
Pero ese gastar bien, también puede traducirse como convertir al dinero en una mercancía cara y difícil de alcanzar.
Por ello, las explicaciones parecen ser necesarias. Especialmente si se recuerda que en el Congreso, discursos aparte, el PRI no tiene la mayoría y los ajustes económicos habrán de requerir votos y una buena dosis de resignación social.
Y esto último podría haberse agotado ya.


