Ya vamos al cuarto año de gobierno y aunque se diga lo contrario, las condiciones del país no son las óptimas, aunque se tenga una mejoría derivada de una mayor disciplina en el gasto y un crecimiento de la base fiscal que junto con los recortes al gasto sobre todo interno del gobierno propició que las condiciones económico-financieras no se deterioraran más.
Ahora nos anuncian que con todo y presupuesto base cero, habrá inversión y asume el gobierno federal la responsabilidad de generar bienestar a través de la movilidad económica, la cual se podrá dar a través de inversión directa o a través de las ansiadas y esperadas inversiones extranjeras que no terminan por llegar a pesar de las reformas.
Si se apuesta a lo primero, es decir que el gobierno federal y los estatales por una vez histórica privilegien el gasto a inversión en vez del corriente como «casi» lo están haciendo, podrá haber crecimiento real y ni siquiera la cacería de causantes que iniciaron, les será reprochada, pues se verá reflejado en empleo y desarrollo reales.
Si se opta por lo segundo que significa seguir entregando empresas mexicanas a capital extranjero o concesionando obra por años y años, lo vamos a pagar tarde o temprano pues es una forma efectiva de saquear la riqueza del país dejando a cambio espejitos que se traducen en empleos mal pagados que para efectos de la llamada globalización nos hace competitivos frente a países como China.
Ejemplo claros son los bancos que se llevan grandes utilidades cobrando las tasas más altas, algunos dirían confiscatorias por prestamos al consumo. Ni qué decir de las carreteras concesionadas por décadas. Son carísimas y la derrama de utilidades se van a los bolsillos de empresarios trasnacionales, como denuncia Manuel Bartlett.
De ahí la importancia de que nuestros gobernantes busquen, encuentren y desenpolven la chaqueta del romántico nacionalismo. Se decidan a privilegiar la inversión por sobre el gasto corriente y se dinamice la economía doméstica, esa que está en manos de mexicanos para que sea un desarrollo real y con raigambre, no aquél aparente de inversiones que llegan como langostas, se llevan la riqueza y se van a sangrar a otro país. Ahí están los españoles que ni siquiera en su país de origen han sido capaces de sacar de una crisis que ya cobra varios lustros.
Sí como dice Luis Videgaray, que el gobierno asuma su responsabilidad de generar los empleos, el desarrollo que prometieron y con ello superemos la «percepción» de que estamos mal, que las cosas no mejoran y que la economía se estanca y en ella sólo ganan los de afuera a quienes se da todo, desde incentivos fiscales hasta concesiones multimillonarias y un mercado cautivo.
Como diría el de la Colina. Ya nos saquearon, pero que no abusen.


