La batalla por el futuro del Partido Acción Nacional se desarrolla de acuerdo a la tradición. Y nada tiene que ver con principios, ideales o interés común. Se trata simple y llanamente, de una lucha de intereses entre grupos y personajes.
De esta manera, lo que importa es el qué, más que el cómo. Y lo que menos importa es lo que la verdadera militancia o la ciudadanía puedan pensar o desear.
Gustavo Madero se enfrentó a Felipe Calderón. Y con ello contribuyó a la derrota de Josefina Vázquez Mota. A Calderón no le importó el PAN. Quería consolidar un poder. Y al no lograrlo, dejó que la catástrofe alcanzara a los panistas.
Ahora, Gustavo Madero anuncia que no será el coordinador de la próxima bancada blanquiazul en San Lázaro. Pero no lo hace como una aportación a la unidad política partidista. Busca simplemente una mejor posición desde la cual apoderarse de la candidatura presidencial panista.
Y la forma de hacerlo es colocarse en la imaginaria de un hombre que entiende el efecto del pasado proceso electoral. Quiere ayudar a la imagen de Ricardo Anaya. Y quieren al mismo tiempo, dar pasos hacia adelante en las decisiones que el año próximo, pondrán el futuro del PAN en juego.
Madero y Anaya van de la mano. Son una misma cosa. Son arte del mismo grupo. Y saben que a pesar de su control en el PAN, requieren del soporte que puede brindar Rafael Moreno Valle, gobernador de Puebla.
Entienden que Moreno Valle quiere ser el candidato. Y saben que no pueden jugar al control del partido y la bancada panista en la Cámara de Diputados a partir de septiembre, sin el respaldo financiero del gobernador.
La forma de equilibrar las cosas es en apariencia, sencilla. Hay que ceder en Puebla, para ganar en otras partes.
Y esas otras partes, tendrían a Veracruz como parte vital de la estrategia.
Si Madero ha decidido no ser el coordinador de la bancada panista es simple y sencillamente, porque el PAN registró su peor votación a nivel federal en 25 años. Y ello convertiría a Madero en una figura testimonial dentro de la nueva Legislatura.
Peor aún. Madero quedaría sujeto a los berrinches de César Camacho en el caso de que el mexiquense llegue a ser el coordinador priísta. Y no puede olvidarse que Madero atacó como líder panista, a Camacho por aquello de los relojes. La mejor venganza sería la humillación permanente.
Madero entonces, podría haber dejado la posibilidad de la coordinación para ayudar a que Miguel Angel Yunes ocupe ese lugar. Ello convertiría al expriísta en una pieza con posibilidades reales de ser candidato al gobierno de Veracruz, que estará en juego en menos de un año. Y si Yunes lograra vencer en Veracruz, es fácil entender que el apoyo de Puebla ya no sería tan indispensable.
Por su parte, Moreno Valle entiende la jugada de Madero y Ricardo Anaya. Y acepta el reto.
Pero a cambio quiere primero que se le acepte el cambio de dirigencia partidista en Puebla. La derrota del PAN en Puebla, en buena medida gracias al estilo represor del gobernador, obliga a Moreno a renovar su cuadro de operadores políticos.
Así, quiere un nuevo líder estatal. Ello le ayudará a controlar totalmente la designación del candidato a gobernador para las elecciones, también el año próximo.
Al imponer candidato asegura el futuro de sus ambiciones dentro del PAN. Sabe que con el gobierno estatal en las manos, tiene más posibilidad de ganar y mantener su presión sobre Madero. Y espera que el PAN no pueda ganar en Veracruz, con lo que elevaría al máximo sus posibilidades de ser candidato en el 2018.
Por supuesto, todo esto no es más que el inicio de la lucha dentro del PAN.
Pero también es la demostración de que en Acción Nacional la tradición se mantiene.
Y la tradición dice que en la lucha por el poder, lo que menos importan son los ideales, los principios o la ética. Y como demostración de ello, bastaría con poner un poco de atención al hecho de que los diputados del PAN a punto de terminar su gestión, están en plena disputa de varios millones de pesos que no aparecen por ningún lado. Dinero que por cierto, tuvo en algún momento bajo su control, el mismo Anaya que hoy quiere ser el nuevo dirigente nacional del partido blanquiazul y que forma parte del equipo de Gustavo Madero.


