norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

La humillación es absoluta. La vergüenza total. Y la crisis creciente. En un solo suceso, el gobierno ha perdido la poca credibilidad que le quedaba. Y lo que es peor, el grupo en el poder parece no entender la magnitud del problema a que se enfrenta.

La situación no es complicada en lo que a profundidad se refiere. Pro es altamente peligrosa. La fuga de Joaquín Guzmán mejor conocido como el “Chapo” ha puesto al gobierno de Enrique Peña Nieto no sólo contra las cuerdas, sino en riesgo de perder toda posibilidad de recuperarse.

En febrero del año pasado, al momento de la recaptura del narcotraficante, el gobierno vendió la idea de un trabajo eficaz e inteligente. Se había dado un golpe que se utilizó para elevar el grado de aceptación que aún tenía el gobierno.

Pocos meses más tarde, aparecieron los tropiezos. Tlatlaya que es a estas alturas, un serio dolor de cabeza para el gobierno y para el ejército. Y la demostración de que el trabajo político y de seguridad ha sido un verdadero desastre.

Llegó el tema de las casas, y el favoritismo para Higa. Y la credibilidad se fue por la borda. La honestidad dejó de ser una bandera para el gobierno. Los operadores políticos nunca encontraron una respuesta eficaz al reto. Y dejaron que el tiempo provocara el olvido.

Pero esa estrategia dependía fundamentalmente, de que nada más ocurriera. Esto es, que el gobierno no tropezara de nuevo. Algo que por lo visto, resultaba simplemente imposible.

El presidente Peña y el entonces procurador Murillo, lanzaron compromisos sólidos al momento de la recaptura del “Chapo”. No habrá nueva fuga, dijo Murillo. Sería imperdonable, dijo el titular del Ejecutivo.

Es más, el presidente dijo en entrevista, que “todos los días” preguntaba a Miguel Angel Osorio Chong, titular de Gobernación, si tenían bien vigilado al delincuente más buscado en buena parte del planeta y atrapado por la Marina.

Ahora, con la nueva fuga, ¿quiénes son los responsables? ¿Si esto es imperdonable, quiénes deben pagar por ello?

Suponer que un director de reclusorio o algunos custodios pueden ser señalados como los únicos responsables, sería una burla. Dejar a la Secretaría de Gobernación fuera de la responsabilidad sería una torpeza. Y dejar que Miguel Angel Osorio Chong salga sin culpa de todo, sería un error político de enormes consecuencias.

El presidente tendrá que entender que el costo que el país tiene que pagar por todo esto, no sólo su gobierno, es muy elevado, lo que requiere de medidas extraordinarias. Y esas medidas tienen que ver con los resultados a la vista.

Cuando se aceptó sumar responsabilidades de seguridad en la Secretaría de Gobernación, todo mundo entendió el tamaño del compromiso. Ahora, el fracaso está a la vista. Gobernación entrega muy malas

cuentas. ¿El presidente de la República aceptará pagar el costo como titular del gobierno y como jefe del equipo por las fallas de quienes no entendieron la magnitud del compromiso?

¿Puede el presidente decir que todos los días pregunta por un detenido y después decir que no hay responsabilidad del encargado? Por lo menos falta de atención en el tema, lo que ya es serio, para no hablar de irresponsabilidad.

El gobierno ha perdido credibilidad y confiabilidad, No solo en lo interno, sino en lo externo. Y el remedio no está en discursos o rabietas. Se requieren decisiones. Y las decisiones no pueden ser cosméticas.

El equipo encargado de la seguridad fracasó estrepitosamente. Falta saber si el gobierno entiende el fondo del problema.

Al conocerse el resultado de las elecciones pasadas, quedó claro que las reglas habían cambiado y que la sucesión presidencial había arrancado. Ello demandaba cambios. Cambios que no se hicieron.

La fuga del “Chapo” demuestra la crisis política y de seguridad que vive el país. Y ello demanda cambios y cambios fuertes.

¿Se harán?