norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

A final de cuentas, lo imperdonable resultó ser solo una forma de hablar y no un compromiso. Un eufemismo. Y lejos de toma medidas drásticas ante la fuga de Joaquín “el chapo” Guzmán, según se deducía de su propio mensaje, el presidente Enrique Peña Nieto decidió pedir a la sociedad que no se enoje. Después de todo, “la ira no resuelve nada”.

De esta manera, con un simple cambio en el lenguaje y con malabares en la interpretación de los mensajes, el primer mandatario puso fin al debate sobre los efectos de su mensaje sobre lo imperdonable que resultaría una nueva fuga del hoy de nueva cuenta, narcotraficante más buscado por varios países.

A partir del nuevo mensaje presidencial, todo queda como hasta antes de la fuga. No hay responsables reales, sólo promesas de llegar hasta el fondo y de aplicar todo el peso de la ley. De reclamar rendición de cuentas, nada. Y menos de señalar a los hombres que tenían a cargo la responsabilidad de que el “chapo” no se fugara.

El mensaje del presidente sin embargo, encierra otra interpretación. Y ello es innegable.

Ante la ola de críticas desatadas en contra del Secretario de Gobernación. Miguel Angel Osorio Chong, el presidente simplemente dio el manotazo sobre la mesa. Pero no para responder a la demanda de explicaciones o para exigir respuestas. Lo hizo para hacer notar que es él quien manda. Y que a pesar de todo, no piensa hacer cambios. Al menos por el momento.

Con ello, el ejecutivo federal acepta pagar con el poco capital político que le resta a su gobierno, el elevado costo de la crisis provocada por la fuga del “chapo”.

El presidente Peña conoce perfectamente el daño que la imagen de su gobierno ha sufrido en el campo internacional. Sabe de la pérdida sufrida en lo que a credibilidad se refiere, en lo interno. Y sabe que no habrá una mejoría rápida. Aún si en plazos relativamente cortos se realizara la reaprensión.

Aún así, acepta el costo. Y ello le da al titular de Gobernación una tabla de salvación. Es un rescate político evidente. El señor Osorio se mantiene, al menos por el momento, en el cargo. Y puede trabajar en la crisis que su incapacidad provocó.

Pero no todo puede resultar tan sencillo. El presidente puede, es su facultad legal, hacer o no cambios. Y puede o no, favorecer a tal o cual funcionarios público. Lo que no podrá será evitar el daño en la imagen del Secretario de Gobernación.

Con este respaldo al señor Osorio, el presidente de la República mantiene su “baraja” política con miras a la candidatura presidencial priísta. Lo que difícilmente logrará será que se crea que, en el supuesto de que llegará en el cargo hasta ese momento, el señor Osorio podría ser realmente un candidato con posibilidades reales de ganar la elección.

Así, el titular del Ejecutivo federal decidió no tomar medidas como gobernante. Prefirió mantener el liderazgo de su grupo político. Y ello tendrá un costo en el ánimo social.

El primer mandatario cambió el tono de su mensaje. Fuera del país, al ser enterado de la fuga hace ya una semana, habló con malestar. Con ese enojo que hoy le pide la sociedad no exprese. Habló de afrenta a la nación.

Al momento de la captura del señor Guzmán, el año pasado, puntualizó que sería imperdonable que se presentará una nueva fuga. Y en ese mensaje puso al señor Osorio Chong como responsable de la vigilancia del “chapo”.

Ahora, con la nueva fuga en las manos, las cosas ya o son imperdonables. Y los responsables son buscados en todas partes, menos en donde se dijo que se encontraba la responsabilidad.

Ahora, como sucedió hacer unos días con la definición de “abatir” que el gobierno utilizó para quitar responsabilidad al ejército sobre los sucesos en Tlatlaya, se quiere cambiar el significado de “imperdonable”. Y el término se acomoda más a la conveniencia del estado que al sentido real de la palabra.

Pero ello tiene un riesgo. A partir de ahora habrá que entender que el presidente puede cambiar de idea sin dar explicaciones.

A pesar de que ello puede abonar y de manera muy clara, a la pérdida de confianza y credibilidad.