norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Escondido tras el escándalo provocado por la fuga de Joaquín Guzmán Loaera y aprovechando el movimiento política en contra de la CNTE, Miguel Angel Mancera decidió intentar acabar con los fantasmas de su pasado, como requisito para mantener sus ambiciones como aspirante a una candidatura presidencial en el 2018.

Así, el gobierno del Distrito Federal impulsó la liberación de Lorena González, la “Lore”, a quien se tenia detenida como parte de la banda que secuestró asesinó en el 2008, al joven Fernando Martí, hijo de Alejandro Martí.

La importancia de este asunto es que fue Migue Angel Mancera quien como procurador de justicia del Distrito Federal, presentó a la señora González, como culpable y la condujo a siete años de prisión, a pesar de que se sabía que nada tenía que ver con el caso y de que las autoridades federales habían capturado ya a los verdaderos responsables del secuestro y crimen del joven Martí.

Mancera en ese entonces, como ahora, quería soluciones, al costo que fuera, para mantener sus posibilidades de ser candidato al gobierno de la ciudad de México. Y la solución simple y rápida para sus proyectos, fue la de inventar responsables.

De esta manera, sin empacho alguno, encabezó a la procuraduría que fabricó pruebas y creó culpables. Y a pesar de que se tenían dos mujeres acusadas del mismo delito y sin importar que una de ellas había ya confesado su culpabilidad, el grupo de Mancera no se desdijo de sus dichos para que Lorena Gonzáles pudiera recuperar su libertad.

Ahora, la ambición totalmente desbordada, el titular del gobierno capitalino ha decidido desterrar a los fantasmas que le rodean. Sabe que su paso por la procuraduría citadina está lleno de tropiezos. Y que el mayor de ellos fue su ridículo en la investigación sobre el caso Martí.

Así, con la claridad de que el caso de la fuga del “chapo” ocupa el espacio político y de justicia y con la información que seguramente tenía sobre los pasos que se darían para minar el poder de la CNTE en Oaxaca, aprovechó la ocasión y dejó que se abrieran las puertas de la prisión para quien resultó una víctima de sus proyectos políticos.

Mancera en su intentó por ser candidato al gobierno del Distrito Federal, no dudó en buscar la forma de ligar a la señora González con otros secuestros registrado en la capital del país. No pudo lograrlo. Y ante su fracaso, prefirió dejar a la señora en la cárcel, antes que reconocer su error o su desmedida ambición.

Del mismo modo que Mancera quiso que los ajustes a su gobierno fueran vistos como un avance para la ciudad y no como un movimiento para fortalecer sus pretensiones para ser candidato en el 2018 como es, el jefe del gobierno de la capital pretende que nadie se de por enterado de que por sus torpezas, ambiciones y falta de ética profesional y política, la señora Lorena González pasó siete años en prisión sin tener culpa alguna.

Mancera no quiere que se debata como fabricó pruebas que le permitieran no resolver un caso, sino proteger su carrera política. Mancera, como muchos otros, simplemente evade la rendición de cuentas.

Entiende a la perfección que si se realizara una evaluación seria y profesional sobre su paso por la procuraduría del Distrito Federal, saldría a la luz pública un largo historial de errores y acusaciones sin pruebas que se llevaron a la práctica, con el único afán de mantener vigente una ambición política.

Mancera no reestructuró su gobierno para buscar soluciones a los muchos problemas que enfrentan los capitalinos día con día. Lo hizo para integrar un grupo político que le ayude a enfrentarse a Andrés Manuel López Obrador y a Morena por el poder en el Distrito Federal. Jugará a la demagogia, pero solo para cuidar su imagen.

Así, no liberó a la señora González por un acto de justicia. Lo hizo por la simple y sencilla razón de que en este momento, en el que el gobierno de Enrique Peña Nieto enfrenta tantas y tan duras críticas lo mismo dentro que fuera del país, le resulta conveniente pagar el costo de una liberación que nació de su proyecto político personal y que nada tuvo que ver con la justicia o con una investigación profesional y seria.

Mancera apuesta a que en el medio de los sucesos en Oaxaca y ante el descrédito provocado por a fuga del “chapo”, el gobierno federal pague costos elevados, tan elevados que le permitan a él y a su proyecto, evadir de nueva cuenta, una verdadera rendición de cuentas.

Sin embargo, a estas alturas queda claro para buena parte de los habitantes del Distrito Federal, que en el ajuste del gabinete, la renuncia que hubiera resuelto en mucho los problemas de la ciudad, fue la única que no se pidió. La del señor Mancera, que fue la que pidió la ciudadanía con su reciente votación.