Las promesas no se cumplieron. Y en cambio, la realidad dice que el gobierno tiene como bandera, el arribo de dos millones más de mexicanos a la pobreza. El país no creció, la seguridad no llegó, la moneda se devaluó y las reformas no trajeron el bienestar prometido. Y en cambio, uno de cada cinco mexicanos padece hambre y uno de cada dos está en la pobreza. Saldo terrible.
Los datos proporcionados por el CONEVAL son sencillamente aterradores. La pobreza extrema bajó en un porcentaje mínimo, pero aumento la pobreza. Esto es, se logró baja el promedio d mexicanos que no tienen nada, pero se elevó el de aquellos que están a punto de llegar a esos niveles.
El gobierno que prometió tantas cosas con el argumento de “sabemos como hacerlo”, tiene como gran resultado el aumento de los mexicanos pobres. Y con un promedio de un millón de personas por año, la pobreza alcanza ya al 45.5% de la población.
Estos datos convierten en demagogia y populismo todos los discursos oficiales sobre los avances de sus políticas para combatir un problema que es ya, el eje de las dificultades nacionales.
La realidad nos dice que a la demagogia y al populismo tendría que añadirse la corrupción evidente y la innegable incapacidad para resolver el reto.
La información proporcionada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social señalan con precisión el tamaño de la crisis: algo más de 55 millones de mexicanos viven en la pobreza y 23 de ellos en condiciones de vulnerabilidad por carencia de alimentación. Y una inmensa mayoría vive con ingresos inferiores a la línea de bienestar. Esto es, no ganan lo suficiente para satisfacer sus necesidades.
Esto nos lleva, le guste o no al gobierno, a la necesidad de replantear no sólo el presupuesto, sino la estrategia que se mantiene en el campo social.
Todos los gobiernos, los últimos siete tal vez con mayor énfasis, han lanzado grandes programas para combatir la pobreza. Se han gastado cantidades enormes de dinero. Y los resultados no aparecen por ningún lado. Es más, en esta administración hay ya, dos millones más de mexicanos sumidos en la pobreza.
Así las cosas, ¿cómo se gastaron los cientos de miles de millones de pesos que se dedicaron a eliminar la pobreza? ¿Quiénes se encargaron de ello? ¿Cómo rindieron cuentas? ¿Ante quiénes? ¿Cómo se explica el fracaso?
Los discursos oficiales han hablado siempre de grandes resultados. La realidad nos ha demostrado que no han dicho la verdad. ¿En la actualidad, con nuevos programas y nuevos e importantes gastos, cómo es que el resultado es mayor pobreza?
Habrá que redefinir algo más que el gasto. El presupuesto cero que contempla reducciones y desapariciones de programas sociales, tendrá que redefinir también las estrategias. No parece muy
difícil de entender que las estrategias seguidas hasta el momento no sólo son ineficientes, sino que han dado paso a una enorme corrupción y a una realidad más que preocupante.
Parece evidente que el fracaso en el combare al hambre produce, inmediatamente, el aumento en la tensión social. Y que más allá de llamados a combatir la demagogia y el populismo, lo que el gobierno requiere es replantearse la estrategia seguida en el caso de la pobreza.
Un país con pobreza en la mayoría y hambre en buena parte de ella difícilmente será un atractivo para las inversiones. Y concentrar en una muy pequeña minoría la riqueza, es el peor de los complementos.
Enrique Peña Nieto recibió el sábado pasado, el respaldo de sus compañeros de partido. Pero dejó fuera de los festejos a la ciudadanía. Habló del proyecto de nación, pero no rindió cuentas de nada. Criticó la demagogia y el populismo. Y ahora aparece el gobierno como demagogo y como populista, pero sin resultados
Ahora, la realidad que plantea el CONEVAL nos señala la magnitud del fracaso social del gobierno. Y prende las alarmas sobre lo que se está gestando. Y todos sabemos que el peor de los consejeros es precisamente, el hambre.


