En las inmediaciones del aeropuerto internacional de la ciudad de México se escenificó el martes pasado, un duro enfrentamiento entre conductores de Uber y supuestos taxistas. El saldo fue considerable. Pero más que nada en lo político.
Miguel Angel Mancera se lanzó, después de la estrepitosa derrota sufrida en las elecciones de junio pasado, a reconstruir su estrategia política. Pero lo hizo en función de sus ambiciones y no de las demandas de la sociedad.
Mancera pretendió que la derrota había sido del perredismo y las tribus que le acompañaron en la primera parte de su administración. Así, pensó que podía engañar a la sociedad. Lo que es mejor indicativo de su fracaso político, creyó que las diversas fuerzas en el poder, se conformarían con ser marginadas o con no recibir todo lo que pensaron les correspondía dentro del nuevo reparto del poder.
Mancera movió y reubicó piezas. Siempre con la idea de ser infalible. Tomó decisiones para su conveniencia y preparó el juego de las imágenes para “demostrarle” a la ciudadanía que había entendido el mensaje enviado desde las urnas.
Pero los sucesos en las cercanías del aeropuerto avisan de que nada de lo planeado fue bien pensado. O que aquellos que se quedaron fuera del poder, no están dispuestos a soportar esa situación.
Y el ojo del problema, se quiera o no, queda ubicado en Héctor serrano, quien dejó la secretaría de gobierno, para quedarse con Movilidad, dependencia con menor nombre, pero con gran poder. Y uno de los brazos armadas de ese sector es, curiosamente, el de los taxistas.
El escenario no admite muchas especulaciones. La batalla es obviamente con Serrano. Pero ¿es de él o contra él?
En el primer caso, Serrano aprovecharía la ausencia de Mancera, quien se encuentra de vacaciones, para poner en aprietos a Patricia Mercado, quien pasó a ocupar la secretaría de gobierno. Esto es, Serrano haría un movimiento para “medir” políticamente, el tamaño de la nueva funcionaria mancerista.
Y ello con el objetivo de saber a ciencia cierta, que tanto la señora Mercado puede poner en práctica y con éxito, sus supuestas virtudes de negociadora.
Con Mancera fuera del escenario temporalmente, la toma de decisiones se fractura. Y Mercado había ya recibido el primer golpe con las críticas por su inasistencia a un evento en el Distrito Federal con el presidente de la República.
La otra posibilidad es que, alguien resentido por los cambios, haya organizado la violencia del martes pasado y la destrucción de vehículos de Uber, con la idea de enfrentar a Serrano con Mercado, situación que no requiere de mucho para registrarse.
En ese caso, el problema tendría como origen el reacomodo de fuerzas realizado por Mancera. Y se tendría que pensar en aquellos que ayudaron a ganar la elección para conquistar el poder en el Distrito Federal y que a final de cuentas no recibieron el pago prometido. O que después de dos años y medio,
fueron abandonados en el limbo político de la capital del país, para dar paso a la recomposición de fuerzas que requiere a imagen y ambición política de Mancera.
En este caso, el beneficiario político de los hechos no tardará en quedar en evidencia. Y no tardará mucho tampoco en hacerse ver la distancia política entre Serrano y Mercado.
De cualquier manera, el primer resultado de estos hechos violentos es incuestionable: los taxistas no aceptan las decisiones del gobierno de Mancera sobre Uber. Y aquellos que supuestamente tienen el control políticos de estas huestes, Serrano entre ellos, tendrán mucho que explicar.
Después, queda a la vista que los cálculos hechos por Miguel Angel Mancera sobre el reacomodo de fuerzas en su gobierno tienen muchas fallas.
Y lo que es más importante, que a final de cuentas, los enemigos de Mancera son muchos más de los que se pensaron y por supuesto, tienen más fuerza de la que se pensó.
Y claro está, que según quedó demostrado, están bien dispuestos a pelar en todos los terrenos, para que se les entregue lo prometido, o se les devuelva lo que se les quitó.
Por lo pronto, las vacaciones del señor Mancera recibieron un “bono” que nadie esperaba. Al menos no tan pronto.


