norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

¿Cuántas alertas puede soportar el gobierno de Enrique Peña Nieto? ¿En cuántos puntos puede el gobierno exhibir su fracaso y no pagar las consecuencias? ¿De cuántas maneras la sociedad puede gritar “ya basta” sin que el gobierno entienda lo que es la realidad?

El asesinato de un periodista en la colonia del Valle, junto con tres mujeres se ha convertido en una nueva alerta en el tablero nacional. Un tablero que presenta luces rojas en buena parte de su extensión. Y nadie parece entender el reto planteado.

El gobierno de Enrique Peña Nieto está a punto de alcanzar el muy penoso récord de ataques a periodistas y medios de comunicación. Y discursos y desplantes aparte, es obvio que la solución no llegará a base de promesas y discursos. Ni con la creación de fiscalías y grupos especiales de investigación.

Es cierto. Los periodistas no son ni deben ser, un grupo con privilegios. La ciudadanía en general padece los efectos de la violencia. Y el periodismo es parte de la sociedad.

Pero no puede dejarse de lado el hecho de que hay una evidente utilización de la fuerza para controlar la información y con ello, manipular a la opinión pública. Esto es, si algo no se divulga en los medios, no existe. Y eso es lo que se quiere: que los problemas no existan.

En el Veracruz de Javier Duarte, la práctica del periodismo se ha convertido en algo muy peligroso. Esta es la tercera entidad en el país, más peligrosa para la práctica del periodismo. Los críticos no son aceptados. Y a quienes persisten en divulgar los muchos problemas existentes en la entidad, simplemente se les persigue. Y si la autoridad estatal no es la que reprime, sí es la que no ha realizado las investigaciones necesarias para acabar con la impunidad.

En el Distrito Federal, entidad en la que también hay represión, fue asesinado Rubén Espinoza, quien salió de Veracruz, donde ejercía su profesión, para escapar de las amenazas de las autoridades estatales que no toleraron su trabajo.

Y fue asesinado con tiro de gracia. Y antes, fue torturado.

No se requiere de un gran talento para entender que el gobierno estatal tiene muchas cosas que explicar y un elevado grado de responsabilidad en los hechos. Es más que evidente que si en Veracruz no existiera la represión y la impunidad, Espinoza no hubiera salido de su hogar. Y muy probablemente, hoy estaría con vida.

Pero en Veracruz hay un listado enorme de agresiones a periodistas. Varios asesinatos y mucha violencia. Y a cambio, no hay un responsable. No hay investigaciones adecuadas. Y ello se quiera reconocer o no, convierte al gobierno de Javier Duarte en cómplice por omisión.

Los problemas en esta entidad son muchos. Desde la citada violencia, hasta la corrupción que ha llevado a muchos políticos a buscar que la distancia entre su trabajo y el del gobernador Duarte no sólo es real, sino existente.

Pero todos recuerdan que Duarte presume de un inalterable apoyo de parte del gobierno federal.

Y muchos recuerdan que, según las versiones locales, nacen del hecho de que fue Duarte, como gobernador, el primero de los mandatarios estatales en decantarse en favor de la candidatura de Enrique Peña Nieto a la Presidencia de la República.

Duarte dijo que Manlio Fabio Beltrones debía hacerse a un lado y dejar la candidatura a Peña Nieto, quien vaticinó, sería “el mejor presidente en la historia de México”.

Esta acción le valió por supuesto, la simpatía del grupo que a final de cuentas, no sólo ganaría la candidatura priísta, sino que alcanzaría el poder en el país.

Ahora, sin embargo. Duarte es un evidente lastre político para el gobierno federal en lo general y para el priismo en lo particular. Fue atrapado por el panismo utilizando programas federales para favorecer al PRI. Ha sido atrapado dos ocasiones, con dinero en efectivo sin objetivos claros y por supuesto, de manera totalmente irregular.

Tiene cuentas de los fondos federales sin explicar por cientos de millones de pesos. Y es entre otras muchas cosas más, un cacique político, con el agravante de que si es bueno para reprimir, no lo es para el trabajo político.

En Veracruz crece el ataque a la libertad de prensa. Y los periodistas salen del estado, sólo para encontrar fuera de la entidad la muerte que trataron de evitar. Y Duarte feliz, con la idea de que aún tiene el apoyo federal que le dará la impunidad que tanto necesita.