Si se revisan con cuidado los discursos, promesas y compromisos de Enrique Peña Nieto en su lucha por alcanzar primero, la candidatura presidencial del PRI y, después la Presidencia de la República, no se encontrará por ninguna parte, condicionante alguno para el éxito que vaticinaban para el país desde el momento mismo en que se les entregará la victoria.
Es más, se aseguraba tener un diagnóstico “nacional e internacional” para la presentación de “un proyecto de nación para el México del siglo XXI”.
Como parte de ese diagnóstico, se remarcaba el hecho de que “el estado mexicano ha perdido eficacia POR SU INCAPACIDAD para cumplir con sus obligaciones básicas” por incumplir su misión de lograr un crecimiento económico sustantivo”
Enrique Peña Nieto fue incluso más allá al cuestionar el crecimiento económico alcanzado por el país en la década anterior (gobiernos panistas), al que calificó como el “más bajo en los últimos 80 años”.
Así, prometió llevar al país a lograr un “crecimiento de acuerdo a su verdadero potencial económico”.
En estos momentos, el país se encuentra sumergido en una crisis en la que todas las promesas de campaña se han venido por tierra. Incluso las famosas reformas estructurales, aquellas que como por arte de magia le daría al PIB cuatro puntos extras, han devenido en un fracaso político y en una desgastante batalla entre y con, grupos de poder y de presión.
En el renglón económico, la devaluación crece tanto como la desconfianza de los inversionistas; el precio del petróleo se derrumba y amenaza con quedarse por debajo de los 40 dólares por barril. Y falta el inminente arribo de Irán al mercado petrolero, lo que significa una baja aún más pronunciada para el crudo.
Estamos a punto de iniciar el trámite legislativo para la conformación del presupuesto cero, que no será otra cosa que la agudización de la tensión social. Al recortar el gasto, habrá recortes de personal, menos dinero en muchas partes y mayor malestar social. Y a todo ello, tiene que añadirse el hecho significativo pero que el gobierno no menciona, de la baja en las reservas mexicanas. La batalla para defender al peso se ha perdido y a un elevado costo.
Lo anterior como es fácil de ver, nada tiene que ver con el paraíso prometido. Los resultados que sse dijo llegarían en serie, no aparecen por ningún lado.
Y ante ello, lo que se presenta es un argumento por demás infantil: “a otras economías les fue peor”.
El presidente Peña Nieto encontró en esa situación que es real, la disculpa perfecta para el fracaso de su administración.
Pero el problema es sencillo. Ni él ni su equipo, en los diagnósticos que realizaron sobre la realidad nacional, mencionaron nunca “el entorno internacional”.
Elaboraron proyectos y presupuestos, con precios del petróleo sin entender el mercado. Y fallaron.
Fabricaron presupuestos y pronósticos de crecimiento que fallaron sin fallar uno. En estos momentos el pronóstico de crecimiento para el presente año ha sido ajustado, por séptima ocasión, a la baja. Y con ello y por tercer año consecutivo, el crecimiento del país será muy similar, si no es que inferior, al logrado en promedio, por las administraciones emanadas del PAN. Aquellas que Peña Nieto cuestionó por haber alcanzado el crecimiento más bajo en 80 años.
Es cierto que hay economías a las que les fue peor que a la mexicana. Pero a los mexicanos se les prometió una administración de resultados, no una de disculpas. Y al momento de prometer, nunca se habló del “entorno externo”.
Y si ahora se quiere utilizar ese argumento, ¿no primero tendríamos que saber cómo es que se hicieron los diagnósticos, quiénes los realizaron y cómo es que se equivocaron tanto? Además, ¿no tendrían que explicar las razones por las que el entorno que hoy resulta tan importante en aquel entonces no lo fue?
Encontrar en el hecho de que a otras economías “les fue peor” para justificar el fracaso interno no es una buena idea. Es tan endeble como inaugurar estadios vacíos para evitar las rechiflas.
El malestar no sólo se refleja con silbidos, y la crisis financiera no se tapa encontrando quienes están peor.
Especialmente cuando la promesa fue la de acabar on la incapacidad del estado para “cumplir con sus obligaciones básicas.


