norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Hace algo más de una semana, en el aeropuerto internacional de la ciudad de México, Oscar Alvaro Montes de Oca fue detenido y acusado de posesión de drogas. Inmediatamente fue puesto a disposición de la autoridad competente y enviado a prisión. Nada de averiguaciones. Nada de investigar la versión del detenido. Simple y sencillamente, el caso se encaminaba a ser cerrado como un triunfo más de la policía mexicana y como la demostración de que el combate a la delincuencia organizada es una realidad. Realidad que se desplomó en unos días, para dejar en claro que nos guste o no, las autoridades no tienen control de nada. Y menos en lo que se refiere al tráfico de drogas.

El caso de Oscar Alvaro Montes de Oca fue desmantelado no gracias a la capacidad de las autoridades, sino a la fuerza de las redes sociales. Se habían cambiado maletas en algún punto del viaje del joven por América del Sur. Y la policía mexicana ni siquiera se dio por enterada. O forma parte del problema.

La PGR vio como su caso se vino por tierra. Y se desistió de la acusación para que el joven acusado recuperara su libertad, pero quedara totalmente dañado en su persona moral y físicamente.

El caso, grave por sí mismo, es apenas la punta del iceberg. Ahora nos enteramos que una jovencita de 21 años se encuentra en prisión bajo el mismo cargo y el mismo mecanismo. Llegó al Distrito Federal proveniente de América del Sur. Y su maleta fue “cargada” con droga. Y de nada valió su protesta, la demostración del motivo de su viaje o la defensa de su familia y amigos. Fue enviada a prisión donde ha soportado el costo de las nada brillantes actuaciones de las autoridades mexicanas por más de siete meses.

Y como no hace mucho se dio el caso de una maestra veracruzana acusada bajo el mismo método, pero liberada gracias a la presión sobre las autoridades, lo que tenemos a la vista no es ni con mucho, un error de algunos policías, sino todo un esquema de trabajo en el que por disputas entre grupos, venganzas o necesidad de “acreditar el trabajo”, de vez en cuando se selecciona a una víctima y se pone en claro que el “combate al narcotráfico es real”.

Pero la estrategia ha dejado ver sus muchas fallas. Y ahora, lo que realmente está a la vista es la incapacidad y la corrupción que existe en los cuerpos de seguridad que tienen a su cargo todo lo que es el trabajo en el aeropuerto, para no hablar de otros puntos de conflicto.

No es aceptable, bajo ningún argumento, que se quiera hacer creer que la policía nada sabe sobre el “cambio de equipaje”. No es creíble que nuestras autoridades no sepan qué, cómo y cuándo, las líneas aéreas toman parte en el problema.

Es muy sencillo recordar como, en España, pilotos mexicanos fueron puestos ante la ley por participar en el contrabando de drogas. Así, se tendría que esperar un poco más de inteligencia de las autoridades mexicanas sobre este problema.

En el momento en el que el patrón de “captura” se repite y son inocentes los que tienen que pagar el costo, lo que salta a la luz es que algo pasa en el aeropuerto. Y que en ese problema, las policías tienen mucho que ver.

Y la siguiente pregunta tiene que dirigirse hacia el otro lado de la moneda ¿Cuántos inocentes más tendrán que sufrir acusaciones y encarcelamientos injustificados? ¿Cuántos detenidos en estos momentos son en realidad inocentes?

Y lo que podría ser más importante ¿Es creíble que una lucha en contra de la delincuencia organizada no pueda detectar la corrupción que existe en el aeropuerto más importante del país?

La PGR puede liberar a los inocentes. Y puede tratar de evadir su responsabilidad en esos casos. Lo que difícilmente podrá lograr es que se le crea que no tiene conocimiento sobre la incapacidad  la corrupción que se han apoderado del movimiento en el aeropuerto de la ciudad de México.