norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Terca y decidida, la realidad se mantiene firme en sus posiciones y sin mayor esfuerzo, se encarga de derribar uno a uno, los dichos y promesas del gobierno y la autoridad, sea del rango que sea. Y ahora, en una aparición simultánea. El banco de México y el INE se han visto obligados a renunciar al optimismo, el primero, y a soportar el ridículo, el segundo.

El Banco de México, con la derrota del peso ante el dólar en la mano y sin posibilidades de sostener los mediocres pronósticos que se habían hecho para este año en materia de crecimiento, se ha visto en la necesidad de anunciar a los mexicanos que este año tampoco lograremos el crecimiento prometido.

Por supuesto, se hace notar que las finanzas nacionales están sólidas, que el problema deriva del entorno internacional y de situaciones fuera del control nacional. Para nada existe la mala planeación, la falta de previsión o el mal manejo de la economía. Todo es responsabilidad externa. Después de todo, como ya se dijo, hay “economías a las que les ha ido peor”.

Pero, como siempre, se dice sólo lo que se quiere decir. Nadie quiere recordar lo que se prometió para alcanzar el poder, o lo que se dijo como crítica, en contra de los gobiernos del PAN. Nadie recuerda el compromiso de hacer crecer al país de acuerdo a su real potencia.

El Banco de México ha bajado, otra vez, el pronóstico. Ahora dice que nos quedaremos este año en un rango de entre 1.7 a 2.5%. El famoso 4.5% ha pasado a mejor vida. Ahora habrá que ajustar todo a la baja. De nueva cuenta.

Y este ajuste se presenta a unas semanas de que se tiene que presentar ante el Congreso, el presupuesto para el año próximo, mismo que ya se dijo, partirá de base cero, lo que en buen romance son malas noticias para todos. Habrá menos dinero. Y menos empleo. Y menos de todo para todos.

El clima de volatilidad monetaria e inestabilidad financiera, así como el anuncio de que el precio del petróleo se mantendrá bajo por lo menos hasta el 2018, simplemente complican las cosas. El país no logrará crecer a las tasas necesarias. Y el gobierno y las autoridades financieras pueden señalar todos los factores externos que se quieran, la realidad señala que las promesas que con tanto énfasis se hicieron, no se cumplirán. Y de ese tema nadie quiere hablar.

Del otro lado, con una argumentación que simplemente provoca pena, el INE decidió no retirar el registro al Partido Verde. Y con ello demostró que la impunidad en nuestro país está destinada a reinar en todos los frentes. Especialmente en aquellos en los que el interés del gobierno requiere que se deje de lado el molesto respeto por la legalidad.

El INE aceptó que el PVM burló de manera reiterada la ley y que lo hizo de manera sistemática, pero con el argumento de que ello no fue de extrema gravedad, determinó que la demanda para el retiro del registro no tenía justificación.

De esta manera, quienes llegaron a suponer que la autoridad electoral está lista para proteger a los ciudadanos, se ha enterado que no hay tal, que los Consejeros del INE lo que tienen que hacer es proteger la alianza político electoral del gobierno con el PVM a través de las alianzas con el PRI.

Así, se presentan argumentos que señalan que “no hay impunidad” debido a que existen las multas. Se olvida que la impunidad es que el castigo real quede sin sanción. Y el delito radicó en la manipulación para obtener beneficios a cambio de dañar a la sociedad.

Se dice que no se podía practicar una violación masiva de los militantes del PVM, pero a cambio se aceptó la violación masiva de los derechos de los ciudadanos. Y en el colmo del ridículo, se dice que existía la obligación de defender al pluralismo político electoral. ¿En realidad el PVM representa de forma alguna el pluralismo político?

Nada se dijo del dinero ilegal, de la forma en la que a los verdes se les han perdonado o reducido las multas impuestas. En fin, nada se dijo del enorme daño que se le ha hecho al proceso democrático en el país.

El INE ha dañado a la democracia. Y lo ha hecho con toda impunidad.

Pero esto también significa un daño moral a la sociedad. A partir de ahora, gracias a la terca realidad sabemos que si hay alguien digno de desconfianza es la autoridad electoral.

La realidad, con un golpe sencillo, nos ha hecho ver que los procesos electorales en nuestro país han regresado a un pasado que se creía superado. No hay confianza. Y al mismo tiempo, que las promesas de crecimiento y bienaventuranza tendrán que esperar a que el “entorno” internacional cambie y que mientras tanto, otra vez habrá que apretarse el cinturón. Con todo lo que ello representa.