Es incuestionable que uno de los más serios problemas del gobierno de Enrique Peña Nieto, es el de la comunicación. No sólo por la evidente incapacidad que existe en el gobierno para lograr que la sociedad capte el discurso oficial, sino por la constante contradicción en la que el gobierno se empantana a la hora de lanzar mensajes.
Y el último mensaje presidencial es apenas un ejemplo de lo anterior. El presidente se quedó corto y fuera de la realidad. Sus palabras sobre el beneficio que nos traerá la devaluación fueron, en el mejor de los casos, ignoradas. Pero aún así, la contradicción para con los compromisos contraídos con la sociedad, es más que evidente.
Primero, es por demás simple recordar las críticas que se lanzaron sobre los gobiernos del PAN por el “raquítico crecimiento” logrado por las administraciones de Vicente Fox y de Felipe Calderón. Y después, por el compromiso que se contrajo para alcanzar las metas anheladas en crecimiento económico, a fin de que el país entrara de lleno al juego de la economía mundial como potencia media y no como peon.
Cuando el presidente Peña dice que la devaluación tiene aspectos positivos, como en el caso del Turismo por ejemplo, se olvida de que al presentar los cinco grandes ejes sobre los que su administración caminaría, se estableció el compromiso de “acelerar el crecimiento económico; fomentar la competencia en todos los ámbitos, aumentar el crédito para financiar áreas estratégicas y promover la economía formal”. Hoy, la economía informar tiene al mayor número de trabajadores en el país.
Del mismo modo, se remarcó la necesidad de “impulsar todos los motores del crecimiento; el campo, el turismo y el desarrollo industrial” como parte imprescindible de la ruta del país para transformarse en “una potencia económica emergente”.
Algo entonces no ha funcionado de la manera en que se planeó todo. Y para que se vea que algo no salió bien y no se ha explicado, bastaría con recordar que al arranque del gobierno, desde Palacio Nacional, se dieron a conocer 13 acciones inmediatas para iniciar “l camino hacia la verdadera transformación de México”.
Y una de esas decisiones, la número 12, servía de base para que el presidente afirmara que “en unos días pondré a consideración del Congreso de la Unión el paquete económico 2013. Con un cero déficit presupuestal” Y se añadió que “la solidez de las finanzas públicas seguirá siendo pilar en la conducción de l economía nacional!.
Hoy las cosas son diferentes. Se quiere que se crea que la devaluación traerá beneficios y que la problemática que se vive tiene sólo razones externas.
Pero nada se dice de las promesas hechas a diestra y siniestra sobre el gran futuro que nos esperaba una vez que quienes “si saben como hacerlo” tomaran el poder.
En estos moentos, el Banco de México redujo por cuarta ocasión en el año, su proyección sobre el crecimiento del país para el presente 2015. Y al ubicarla en un rango máximo del 2.5% lo que nos dice es que probablemente no lleguemos siquiera al 2%. Y si como muchos temen, el PIB queda por debajo del
2, tendremos que en los primeros tres años del actual gobierno el crecimiento habría resultado tan mediocre como el alcanzado en los gobiernos del PAN.
Al mismo tiempo, no debe perderse de vista que en unas semanas, por ley, se tendrá que dar a conocer el presupuesto para el año próximo. Y que los cálculos sobre la “base cero” que ahora sí está en puerta, no son más que anuncios de recortes y falta de dinero,
Por si fuera poco, el presupuesto se dará a conocer en un marco en el que la volatilidad monetaria y la inestabilidad financiera campean en todos los frentes. Y si ello fuera poco, con la claridad de que el precio del petróleo se mantendrá en niveles bajos por varios años más.
El sector empresarial señaló ya la imposibilidad de evitar el alza en los precios. Y el camino del aumento de los impuestos parece estar cerrado. Al menos por el momento.
Así, la devaluación puede resultar rodo lo positiva que el gobierno quiera. La realidad nos dice que el discurso del arranque ha quedado en el olvido. Y que no sólo eso, sino que se realizan esfuerzos desesperados por evitar que la sociedad recuerde todo lo que se prometió.
Ayer fue el crecimiento de todos los motores de la economía. Hoy se vende la devaluación como la demostración de lo bien que está la economía. Ayer se criticó el mediocre crecimiento cn estabilidad financiera. Hoy hay trabajos para siquiera llegar a esos niveles.
Y nos falta la peor parte.


