Por lo visto, en el escenario político nacional lo urgente nada tiene que ver con lo importante. Y lo urgente es quedar bien ante la ola de ajustes que se realizan en el campo político. Lo importante, que sería cumplir con las obligaciones, a nadie le preocupa.
Lo anterior quedaría totalmente demostrado con el caso del líder de los priistas en el Senado de la República, Emilio Gamboa y su desesperada campaña publicitaria con la que se pretende demostrar el “incuestionable” valor político del senado, por más que nadie habla de su innegable fracaso al momento de la rendición de cuentas de lo que ha sido el trabajo legislativo en la LXII Legislatura, a punto de concluir.
El senador Gamboa habla de todo, para “hacerse notar”. Así, opina sobre el inicio del nuevo curso escolar, o de las necesidades de flexibilizar la reforma fiscal, sin importar que ese tema, de tratarse en el Congreso, requeriría de la Cámara de Diputados para dar los primeros pasos. Pero lo importante es dejarse ver. Tener presencia. Parecer, por más que el momento de ser, las cosas no sean como tendrían que ser.
Bastaría con poner un poco de atención a los resultados del trabajo legislativo en estos primeros años del gobierno de Enrique Peña Nieto, para ver que en lo que es su responsabilidad, el Senado tiene poco que platicar. Y lo que es más, que tendría mucho que explicar.
Según los números, la forma más simple de medir lo sucedido en el Senado, la Cámara Alta dejó pendientes alrededor de 150 proyectos legislativos. Las minutas, de todos los temas posibles, no fueron consideradas por los senadores que, en estos años, viajaron a lo grande, remodelaron la vieja sede senatorial en Xicoténcatl y recibieron beneficios por sus enormes sacrificios en favor de la República, a pesar de que no aprobaron todo lo que tendrían que haber analizado por lo menos.
Así, cuando el senador Emilio Gamboa habla de los problemas que se enfrentan en el país, podría también explicar las causas por el retraso registrado en el Senado en aspectos evidentemente importantes.
Claro, como ya lo ha hecho, el senador Gamboa puede señalar que el grupo parlamentario del PRI no hace mayoría en el Senado, pero ello sólo sirve su incapacidad política para construir una mayoría.
Dependiente político absoluto de la fuerza del secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, Emilio Gamboa quiere participar en todos los eventos, pero sólo como parte de la estrategia destinada a ocultar la falta de resultados en el Senado.
Dentro del listado de pendientes en la Cámara Alta, se pueden mencionar la Ley General de Hidrocarburos, que castiga con penas más severas el robo de combustible; el paquete de seguridad que envió el Ejecutivo al senado, la Ley de Ahorro y Crédito Popular, que servía de solución al problema de FICREA, la Ley que da autonomía al CONEVAL, las reformas en materia de Pensión Universal y seguro de desempleo, entre otras.
El Senado simplemente no atendió estos temas. No fueron lo suficientemente importantes como para provocar siquiera, el intento por alcanzar una mayoría que sirviera para llevar el tema a la realidad.
El Senado se convirtió así, en una “camarita”, en la que los grandes temas fueron negociados por cuadros del gobierno federal, como Aurelio Nuño, o con el peso de la Secretaría de Gobernación.
El Senado enredó al máximo, por ejemplo, la reforma educativa. Provocó controversias constitucionales que dejaron ver no sólo la falta de capacidad, sino la carencia absoluta de trabajo interno para respaldar los proyectos del gobierno.
Los temas pendientes pueden esperar. El país no tiene prisa. Todo se encuentra en condiciones que permiten no acelerar las cosas. El Senado después de todo, es el reflejo de la forma en la que los ciudadanos desarrollan su vida diaria. Llena de satisfactores.
No obstante, tener un rezago del tamaño que ha manejado el Senado en estos años, no es una señal que a todos tendría que preocupar.
La ausencia de un liderazgo político real es un aviso de que las cosas no marchan como se dice. O dicho de otra manera, que el margen político de negociación no incluye al Senado. Esto es, que el liderazgo es de papel y que las cuestiones importantes simple y llanamente, se negocian por fuera.
Y de ahí el afán de Emilio Gamboa por “parecer” una figura política importante. Algo que por o visto, no se corresponde con la realidad.


